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5 febrero 2023

Isa Duque: “La generación Z me ha enseñado cómo lidiar mejor con el odio en las redes”

La sexóloga y psicóloga zaragozana Isa Duque lleva años impartiendo talleres en las aulas sobre temas como inteligencia emocional, educación sexual o prevención de violencias y desde 2015 lo hace también desde las redes sociales bajo el nombre de la Psico Woman. Este año ha publicado ‘Acercarse a la generación Z’, una guía para conocer a estos jóvenes sin caer en prejuicios. Hablamos con ella sobre todo aquello que podemos aprender de la generación Z si dejamos de lado el adultocentrismo.

¿Cuándo y por qué Isa Duque se convierte en la Psico Woman?

El proyecto Psico Woman surge en el verano de 2015. Yo llevaba ya unos cuantos años haciendo formaciones en las aulas. Desde que hice la carrera tiré mucho por el tema formativo con población universitaria y gente mayor y poco a poco me fui centrando en los adolescentes, la generación Z, porque me gustaba mucho.

Yo iba a las aulas como persona externa que hace talleres puntuales. Al principio de las charlas yo les pedía que se presentaran y que me contaran qué les gustaba y me hablaban de los Youtubers y en esa época, en los vídeos que más me decían, parecía que todo valía y creamos un programa que se llamaba ‘Qué veo en YouTube’. Yo iba a los institutos, me ponían vídeos cargados de violencias que analizábamos y deconstruíamos y hablábamos de que las bromas que favorecen opresiones son violencia, debatíamos sobre cómo se podría hacer de otra manera…

Ese programa tenía muy buena acogida pero cuando les preguntaba (te hablo de hace nueve o diez años) por Youtubers en positivo, sin bromas sexistas, racistas, homófobas, gordófobas o serófobas no salían. Los había pero mucho menos que ahora.

El alumnado me proponía hacerme Youtuber y, por un lado, a mí lo tecnológico no me gustaba nada, nada. Pero por otro lado me lo planteaba. La gente de mi alrededor me metía miedo (con lo tecnológico se suele meter mucho miedo), me decían que yo era muy sentida y lo iba a pasar mal con los haters.

Pero hice caso a la chavalería y empecé en ese verano de 2015. Yo lo primero que hice fue ponerme delante de una cámara porque no me gustaba ni salir en fotos. Me di cuenta de que necesitaba un equipo porque yo no tenía ni idea de lo audiovisual, conté con un equipo y así empezó el proyecto.

El nombre, esto me gusta mucho contarlo, se lo inventó un chico de 2º de la ESO. Tras un taller de cuidados digitales vino en el recreo con un papelito dobladito y me dijo que si me hacía YouTuber podía llamarme Psico Woman. De ahí surgió el nombre del proyecto.

¿Qué has aprendido de tu trabajo en redes sociales? ¿Ha cambiado la percepción que tienes de ellas?

Ha cambiado todo. Yo no tenía Instagram, solo Facebook, y yo recuerdo que antes tenía un discurso asociado a las redes sociales y a lo tecnológico muy alarmista y tecnófobo, como que eran un espacio del cual teníamos que protegernos, en el que no podemos defendernos y que todo lo que traía era negativo. Eso hace unos nueve años. Luego me he puesto mucho las pilas para hacer ciberactivismo y he escuchado mucho a la generación Z, que me ha enseñado muchas claves de cómo lidiar mejor con el odio en las redes.

Me he dado cuenta de que las redes sociales, nos gusten más o menos, está claro que han venido para quedarse y no somos agentes pasivos frente a su uso sino que podemos entrenar el algoritmo para protegernos. Hay gente a la que le da igual el hate, a mí no me dan igual ciertos comentarios. Entonces, en Instagram, que es lo que más utilizo, yo me bloqueo todas las palabras que quiero que si salen en un comentario, directamente Instagram no me las publica y es una forma de cuidar mi salud mental.

He aprendido a utilizar las redes sociales también como herramienta de transformación social. Yo me podría haber quedado solo como docente, dando charlas y lo que hice fue utilizar las herramientas y el lenguaje de la generación Z para poder seguir dando continuidad a los talleres pero también para poder crear un espacio de contrainformación dentro de ese mundo.

Has comentado en diferentes ocasiones que sigue habiendo desinformación entre los jóvenes. ¿Quién debería cubrir esa falta de información que, en tu caso, estás cubriendo desde el activismo?

Esto es un gran temazo. Me llegan muchas preguntas, muchas historias y estamos en un momento muy complicado para la salud mental en general y para la chavalería en particular. Entonces siento que hago una función de derivar, informar sobre servicios… que no lo tendría que hacer yo por las noches, que es lo que hago después de trabajar durante todo el día. No creo que tenga que ser la manera.

Si hago una retrospectiva, yo sí que veo que cada vez hay más servicios que acompañan a la juventud y que han dado el salto al Instagram, el WhatsApp, al Tik Tok para atender a sus preguntas pero sigue habiendo una gran carencia de muchos aspectos que tendrían que llegarles.

“HE aprendido a utilizar las redes sociales también como herramienta de transformación social”

¿Cómo de importante es el enfoque con perspectiva de género que haces en tus talleres y charlas en las aulas?

Pongo atención a la perspectiva de género, igual que en otras desigualdades estructurales y endémicas de la sociedad. Es que sin estas perspectivas yo no entendería la psicología o la educación. Ahora, por ejemplo, estoy trabajando muchísimo la educación emocional.

Pongo un ejemplo muy concreto. Vi un documental que está muy de moda sobre el cerebro del adolescente, salen hombres jóvenes haciendo balconing y lo relacionan todo el rato con el tema cerebral, y en ningún momento están hablando de la construcción de la masculinidad, de cómo se construye la masculinidad hegemónica en relación al propio grupo. No están diciendo por qué, por ejemplo, los hombres jóvenes, al contrario que las mujeres, tienen menos percepción del riesgo. Te universalizan un discurso desde la biología, que creo que también es importante, pero no están atendiendo a eso y es súper clave.

Cuando te pones las gafas, el chip, ya lo llevas incorporado y es también un trabajito pero creo que es un poco obligatorio. Ahora estamos en un momento en el que la mayoría de desinformación o fake news se centran en el rechazo a la inmigración y a la equidad entre hombres y mujeres, desde páginas como Newtral y Maldito Bulo lo dicen claro. Entonces, si sabemos que la mayoría de la desinformación en la red va en esa línea, o trabajamos atendiendo a la perspectiva de género, con datos verificados, o si no vamos a reproducir o vamos a fomentar unos discursos y una desinformación que está haciendo mucho daño.

En los últimos años se habla más de feminismo pero también surgen nuevas corrientes machistas, ¿se ve esta tendencia entre los jóvenes?

Claro. Yo creo que a raíz, sobre todo, de 2018 que hubo un boom con el 8M. Creo que siempre pasa que cuando hay mucha acción de un movimiento, hay mucha reacción y ahora estamos en un momento muy reactivo. Muchas veces se pone la atención en lo reactivos que son algunos hombres jóvenes y yo digo que esto no es solo de hombres jóvenes sino que pasa en general y que hay un contexto sociopolítico que está favoreciendo que esto emerja. A mí me pone muy nerviosa que, a veces la gente señala a los hombres jóvenes y yo digo que los hombres jóvenes no vienen de otro planeta, están en un sistema y han escuchado unos mensajes y unos discursos.

Hay gente que me dice: “Te metes en las aulas, así como está todo, qué miedo, qué te dicen, con los discursos neomachistas que hay”. Y yo siempre digo que a mí me interesa que salgan esos bulos machistas que escuchan de algunos Youtubers para que en conjunto en la clase, puedan escuchar otras opiniones, contrastar con testimonios y datos reales. Yo veo a la chavalería que tiene mucha más plasticidad para poder dar la vuelta y cuestionarse temas que gente de más edad. A mí no me asusta cosas que escuche en las aulas aunque sean brutas y salvajes, sí que me asusta escucharlas de un hombre de más edad, que hace el espejismo de la igualdad: hace todo el discurso igualitario y luego en la práctica es lo contrario.

Esto lo dicen los datos oficiales: ha caído el respaldo en los últimos dos años a la lucha del movimiento feminista o a lo que se malentiende por violencia de género. Creo que en la sociedad en general ha pasado esto.

Yo lo que me encuentro, en general, cuando creamos un espacio para hablar sobre esto, aunque a veces haya muchas resistencias, es positivo.

¿Recibes muchas consultas sobre sexualidad? ¿Cómo crees que influye la pornografía en la creación del imaginario colectivo que tienen los jóvenes sobre lo que es el sexo?

Antes recibía muchas preguntas de sexualidad y ahora no tantas. Creo que es de ser tan pesada de haber dado mucha información durante estos años (risas). Pero sí me llegan muchas preguntas y me sorprende mucho que algunas son las mismas que hace 10 años. ¿Cómo puede ser? Pues claro que puede ser porque no se está trabajando un marco de educación sexual integral y con tanta desinformación y tanta infodemia es complicado seleccionar.

Hay un capítulo del libro donde profundizo en el tema del porno y yo digo que no hace falta que vayamos al porno masivo. Por ejemplo, en el confinamiento vi ‘365 días’ (porque suelo ver las películas que están triunfando, los videos de YouTube más virales) y me puse malísima.

Ayer por ejemplo vi la película de ‘La triple x’ un ratito y todas las mujeres estaban súper fetichizados. Y todo esto está socializando. Entonces hay que hablar de estas películas y del porno masivo y desmontarlos porque además los estudios muestran cómo alrededor del 50% de la población joven accede a este tipo de contenido para tomar ideas para sus encuentros sexuales.

Pero claro, alguien tiene que decir que, al igual que una película de ficción, el porno no representa la mayoría de formas de obtener placer. Hay que hablar también de que las relaciones deberían ser deseadas y consensuadas. Entonces creo que estamos en un momento complicado porque por un lado, tenemos claro que alrededor de los 12 años se puede tener acceso a algún tipo de contenido pornográfico mainstream aun sin quererlo (porque te puede salir en una ventana emergente) y, por otro lado, sabemos que está habiendo como una carencia de que alguien dé respuesta a esto, incluso las propias familias.

Yo en el capítulo del porno doy pautas muy concretas para que las familias inicien una conversación para desmitificar el porno masivo.

¿Qué otro tipo de consultas recibes?

Últimamente mucho sobre temas de salud mental, muchos jóvenes con mucha ansiedad o ideación suicida, temas de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Está yendo por ahí. También es lo que nos está diciendo los datos.

A veces se culpa a las redes sociales de fomentar TCAs u otro tipo de trastornos pero también hay mucho activismo para combatirlos.

A mí me gusta mucho un concepto de una colectiva mexicana que se llama Las Luchadoras, que hablan del concepto All Life haciendo un continuo entre el espacio online y el offline. Porque a veces separamos “la vida real” y “la vida en las pantallas” y no, es un continuo.

La violencia estética y la gordofobia no han nacido en las redes sociales, es una cosa estructural que pasa en nuestra sociedad y que se traslada a las redes. Ahora le echan la culpa al Instagram y al Tik Tok del aumento de TCA. Bueno, antiguamente eran las revistas. Si buscas culpables, como sociedad nos eximimos: si la culpa es del porno yo ya no me pongo las pilas en la prevención de la violencia sexual (cuando además, el 80% se da entre personas cercanas a la familia); si decimos que Tik Tok fomenta TCA no me estoy preocupando de ver si, por ejemplo, los comentarios que hacemos sobre los cuerpos ajenos que no sabemos cómo les va a caer a la otra persona.

Hacemos un taller que va sobre esto y se llama ‘Libres de postureo’ y lo que hacemos es decir que sabemos que lo que sale en Instagram es mentira, que son vidas que no son reales muchas veces, parejas que parece que se quieren mucho, unos cuerpos digitalizados… Sabemos que los algoritmos son gordófobos, aporófobos y por ello van a predominar unos tipos de contenidos y de cuerpos. Pero aunque sabemos eso, nos influye.

“frente a algunos discursos, la autoestima es algo colectivo”

Yo recuerdo un testimonio de una chica de 16 años que decía: “Yo ya sé que esto no es real, pero luego me siento peor conmigo”. En ese caso, lo que puedo hacer, es ver qué paginas puedo dejar de seguir o silenciar a ratos y qué otros proyectos hay en Instagram si, por ejemplo hablamos de TCA, que ayudan, acompañan, promueven cuerpos reales. Porque esto también existe en las redes y cuando lo haces y entrenas tu algoritmo para que te salga lo que tú quieras ver, te cambia mucho.

Yo creo que es súper importante decir que las redes no son las culpables, ahí no ha nacido el TCA ni las violencias pero sí van a influir de determinada manera y hay estudios que lo muestran que igual que si antes veías muchas revistas de moda, luego tenías peor percepción de tu propio cuerpo. Así pues voy a seguir a gente que me represente. Porque ya sabemos que frente a algunos discursos, la autoestima es algo colectivo y eso es súper potente cuando lo sabes.

Has publicado recientemente el libro ‘Acercarse a la generación Z: Una guía práctica para entender a la juventud actual sin prejuicios’. Antes de nada y por si alguien no se sitúa, ¿qué es la generación Z?

Hace referencia a la gente nacida entre 1994 y 2010. Aunque hay gente que lo establece en 1997, me gusta 1994 porque es el año en el que se pone el primer navegador abierto en internet y eso cambia sustancialmente la forma en la que te relacionas con el mundo, la globalización, la capacidad de tener información que es algo nuevo para esta generación.

También en 1994 es cuando nace Justin Bieber que representa algo que tiene que ver con esta generación que es cómo un chavalillo que viene de una familia monomarental sin muchos recursos grabándose videos y subiéndolos a YouTube llega a ser la persona más famosa del mundo.

Un concepto que manejas mucho en el libro es el adultocentrismo. ¿Cómo podemos deconstruirlo?

Yo creo que con el adultismo o adultocentrismo la clave es ser consciente de que lo practicamos todas las personas. Es algo tan interiorizado y arraigado que desde Aristóteles se dicen barbaridades y comentarios sobre la gente joven, algo pasa que vamos teniendo más edad y empezamos a tratar con menos derechos y menos valor a las personas de menos edad. Cuando te das cuenta de que lo reproduces, igual que reproducimos muchas de las desigualdades estructurales, ya puedes empezar a deconstruirlo. Te pones las gafas del adultismo y miras hacia ti y te fijas en cómo reproduces el adultismo, cómo se te cuela en el día a día.

¿Qué prejuicios se suelen tener sobre la generación Z?

Dentro del adultismo estaría la juvenofobia que es la especifica hacia los jóvenes y yo creo que lo que pasa últimamente, aparte de esta juvenofobia que viene de atrás, se ha juntado con la tecnofobia (rechazo a lo tecnológico) y con la neofobia (el rechazo a lo nuevo).

Creo que todo este entorno que ha rodeado a la generación Z hay muchas cosas que nos ponen nerviosos porque no entendemos, que nos dan miedo, que nos colapsan, que nos obligan a ponernos mucho las pilas y entonces miramos para otro lado diciendo “todo mal aquí”. Me da esa sensación de que a esta generación, en comparación con otras, les ha tocado un poco más de incomprensión y de rechazo a todo lo que es su mundo y esto es muy duro.

“Que la tasa de suicidio sea la primera causa de muerte de la juventud española desde 2021 creo que responde mucho a cosas estructurales que están viviendo”

Yo veo por un lado, mucha incomprensión y por otro lado, que a veces nos olvidamos que han sido las personas más pequeñas de unos sistemas que vienen sufriendo crisis sistemáticas desde 2008. Que la tasa de suicidio sea la primera causa de muerte de la juventud española desde 2021 creo que responde mucho a cosas estructurales que están viviendo. El 25% de jóvenes entre 19 y 35 están tomando psicofármacos, esto es una barbaridad. Aquí podríamos hablar de tasa de emancipación, de qué está pasando con el empleo, con los alquileres…

Yo soy muy tecnocrítica y hay que serlo pero desde esa tecnocrítica acercarnos a los jóvenes. Hay titulares alarmistas sobre la juventud actual que no me extraña que las familias tengan miedo pero hay que tranquilizarles y animarles a que vean la guía para familias de Tik Tok o las posibilidades de ajustes en redes sociales.

Cuando digo que soy tecnocrítica es porque está claro que las redes sociales están creadas para que pasemos mucho rato, para vendernos, para estudiarnos… Esto lo tenemos que tener claro pero podemos sacar mucho de positivo.  En el tema de los TCA, por ejemplo, fíjate todo el movimiento que hay contra la violencia estética y la gordofobia en Instagram, es una pasada. Si tú tienes un cuerpo no normativo según el canon actual te puedes sentir abrazada en Instagram siguiendo a las cuentas tan potentes que hay. Pero para eso hay que mirar hacia allí y no demonizar.

¿La generación Z habla más abiertamente sobre la salud mental?

Totalmente. Quien se está poniendo las pilas hablando de suicidio y de salud mental en este país está siendo la generación Z. Cuentas en Instagram como @stop.suicidios o como @occimorons, son personas jóvenes que han tenido muy cercano este tema; las movilizaciones contra el suicidio que empezaron el año pasado están todas protagonizadas por ciberactivistas. En las manifestaciones del 8M, LGTBIQ+, sobre diversidad, salud mental etc. la mayoría son población joven. La generación Z también dicen tranquilamente que van al psicólogo.

Recuerdo un instituto al que fui el año pasado, había habido un suicidio la semana anterior, el instituto había hecho un poco de mutis y había una pintada fuera diciendo que esa no era forma de abordar el suicidio y exigían que se hiciera algo para hablar de lo que había pasado.

A mí me parece un logro que la chavalería no se calle estas cosas y en vez de llamarlos generación de cristal, tenemos que pensar que lo hemos hecho bien porque no se callan cuando reciben violencia. Es como la violencia sexual: no es que haya más que en la época de nuestras abuelas, no, pero ahora se denuncia, ahora se quejan, no se callan. Y con el acoso igual.

Psicowoman durante una charla en Formentera
Psicowoman durante una charla en Formentera. (Foto: Instagram @lapsicowoman)

¿Qué más podemos aprender de esta generación?

En el libro para mí era importante que hablara la gente joven y hay testimonios.

Yo recomiendo mucho que la gente de más edad nos callemos un poco, que no juzguemos, que nos pongamos a su lado, para ver qué están viendo, que observemos cómo se relacionan, como se defienden en redes.

Recuerdo un video que hicimos para el canal sobre ciberviolencias, preguntamos a la gente por la calle y yo, con mis prejuicios adultistas, pensaba que no iban a tener ni idea y me dijeron cómo hacían sexting marcando las fotos para saber cuál le llegaba a cada cual, cómo habían hablado ya en sus grupos cómo defenderse si les pasaba algo en redes sociales, cómo sabían cuándo no tenían que hacer pedagogía y bloquear, reportar y denunciar.

Si les escuchamos podemos aprender mucho y sobre todo, a mí me interesa mucho, crear puentes intergeneracionales. Basta ya del determinismo generacional, no somos tan diferentes. El bar de ahora se llama Instagram o Tik Tok pero sus anhelos, deseos y miedos son los mismos, nos unen muchas cosas.

También es verdad que tienen acceso a una información súper globalizada y que si ponen una mirada crítica tienen discursos muy potentes. Entonces, que nos abramos a esas reflexiones sobre salud mental, el contexto laboral que les toca vivir, el tema de diversidad LGTBIQ+. Hay muchos temas en los que saben más que los adultos y no pasa nada. No tenemos que demostrar lo contrario porque tenemos más edad.

¿Qué opinas de que haya padres exponiendo a sus hijos en redes, utilizándolos para aumentar las visitas a sus perfiles o para vender productos?

A mí lo que me impacta es la doble moral. Cuando trabajo con familias básicamente lo que les digo es que sean buenos modelos porque aprendemos a través del modelaje. En el libro entrevisto a varias personas que se encargan de la ética en lo tecnológico y es interesantísimo lo que dicen. Tenemos que reconocer que estamos muy en pañales en este tema de cuidados digitales.

¿Quiénes son tus referentes en redes sociales?

Roy Galán, que es amigo y me parece que escribe muy bonito, desde las entrañas; sobre tema de masculinidades me gusta mucho Iván Gombel, Lionel Delgado; tengo compañeras de la sexología más crítica: María Rodríguez, Noemí Parra; Mar Gallego me gusta mucho, Carla Galeote, Occimorons

¿Qué nuevos proyectos tienes para este curso?

Me gustaría acompañar un poco el libro, y sobre todo, para la chavalería hemos creado un proyecto nuevo con el equipo que se titula ‘Aprendiendo a cuidar(nos)’ y el objetivo es promover buenos tratos, prevenir suicidios y hablar de cómo tener mejor salud emocional y mental con el contexto que tenemos y dentro de ese programa hay mucho de inteligencia emocional y agilidad emocional con perspectiva de género. Porque tampoco nos dicen por qué en la construcción de la masculinidad cuesta tanto la tristeza o el miedo.

Este programa me ha costado pero es que la chavalería me está pidiendo que hable de esto. Está preparado con mucho cariño, es muy interactivo, dinámico y experiencial.

¿Cómo es tu relación con Aragón?

Me viene la canción de Kase O ‘Soy de Aragón’ (risas). Yo soy de Aragón como dice él, viví aquí hasta que me fui a estudiar Psicología fuera porque antes no había en Teruel y ahora tengo mucha conexión con Andalucía y Canarias.

¿Qué sitios de Zaragoza nos recomiendas?

El CSC Luis Buñuel, que hacen muchas cosas interesantes y siempre que vengo voy y disfruto mucho de este espacio tan comunitario. Y para comer La Piparra.

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