En 2028 se cumplirá el bicentenario del fallecimiento de Francisco José de Goya y Lucientes, uno de los artistas más fascinantes y complejos de la historia del arte. Nacido el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pequeño pueblo aragonés, y fallecido el 16 de abril de 1828 en Burdeos (Francia), Goya no solo fue testigo de su época, sino que la retrató con una honestidad y una modernidad asombrosas.
Hijo de un dorador y de una mujer de familia acomodada rural, Goya creció entre Zaragoza y Fuendetodos. A los catorce años comenzó su formación con José Luzán en Zaragoza. Su carácter inquieto le llevó a intentar entrar en la Academia de San Fernando de Madrid sin éxito en dos ocasiones. Viajó a Italia entre 1770 y 1771, y regresó a Zaragoza para realizar sus primeras grandes obras: los frescos de la basílica del Pilar y la cartuja de Aula Dei.
En 1773 se casó con Josefa Bayeu (Pepa), hermana de los pintores Francisco y Ramón Bayeu. El matrimonio duró hasta la muerte de Josefa en 1812 y tuvo varios hijos, aunque solo sobrevivió Javier. Esta unión le facilitó el acceso a la corte. A partir de 1775 diseñó cartones para tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara, llenos de alegría rococó. Su ascenso fue rápido: pintor del rey Carlos III en 1786 y pintor de cámara con Carlos IV en 1789. Sus retratos de la familia real son magistrales: elegantes por fuera, pero con una aguda ironía interior.
En 1792-1793 una grave enfermedad le dejó completamente sordo. Este golpe personal coincidió con la Revolución Francesa y marcó un antes y un después. En 1799 publicó Los Caprichos, una feroz sátira social, y fue nombrado primer pintor de cámara. La Guerra de la Independencia (1808-1814) inspiró obras maestras como El dos de mayo y El tres de mayo de 1808, y la estremecedora serie Los desastres de la guerra.
Tras la restauración de Fernando VII, Goya se retiró a la Quinta del Sordo, donde pintó las inquietantes Pinturas negras. En 1824 se exilió voluntariamente en Burdeos, acompañado de Leocadia Zorrilla y su hija Rosario. Allí siguió creando hasta su muerte a los 82 años.
Goya fue cortesano y rebelde, técnico brillante y precursor de la modernidad. Su influencia llega hasta hoy.

Y precisamente hoy, 29 de mayo de 2026, se ha dado un paso importante hacia esa celebración. El Ministerio de Cultura, junto al Gobierno de Aragón, ha presentado en Zaragoza el programa oficial del Bicentenario del fallecimiento de Goya. Durante el acto, celebrado en la Cartuja de Aula Dei, se ha constituido formalmente la Comisión Nacional y se han avanzado las líneas maestras del programa: un ambicioso plan de exposiciones por todo el territorio nacional, con especial protagonismo para Zaragoza y Madrid.
Entre los proyectos destacados se encuentra la cesión de obras del Museo del Prado a diferentes comunidades autónomas en 2028, la gran exposición “Doscientos años con Goya” prevista en la Lonja de Zaragoza en 2027 (que explorará la influencia universal del pintor), y una exposición inmersiva en la misma ciudad. Además, se potenciará la creación de un Centro Goya y numerosas actividades culturales, turísticas y educativas que se extenderán a lo largo de 2027 y 2028.
Un programa que promete poner a Goya, y especialmente a su tierra aragonesa, en el centro de la atención internacional. Dos años de cuenta atrás que ya han comenzado con fuerza.

















