Filóloga hispánica de formación y guionista publicitaria de profesión, Ana María Pinar lleva años contando historias, pero ninguna tan compleja como Influjo Psíquico. Un documental que aborda uno de los procesos judiciales más controvertidos de Latinoamérica: la condena del expresidente de Ecuador Rafael Correa por un delito sustentado en una figura jurídica tan insólita como el denominado “cohecho por influjo psíquico”.
Rodado en ocho países, el documental plantea una reflexión sobre el uso político de la justicia, un fenómeno conocido internacionalmente como lawfare. Hablamos con Pinar sobre los riesgos el rodaje, la dificultad de contar una historia política compleja o el papel del género documental como herramienta para generar pensamiento crítico. Sus próximos proyectos; un documental sobre mujeres que han ocupado puestos de poder relevantes y otro sobre la figura de Ignacio Sánchez Mejías, mecenas de la Generación del 27.
¿Cómo nace Influjo Psíquico?
Todo empezó casi por casualidad. Después de colaborar en un documental sobre Gustavo Petro empezamos a escuchar hablar constantemente del caso ecuatoriano y del concepto de lawfare. Yo ni siquiera conocía la palabra. Lo que realmente nos atrapó fue descubrir que la sentencia contra Rafael Correa hablaba literalmente de ” cohecho por influjo psíquico”. Nos pareció un concepto tan sorprendente que decidimos investigar qué había detrás. Hay una sentencia, un sistema judicial que lo sostiene, y está escrito en papeles oficiales.
El documental gira alrededor de una figura muy polémica. ¿Buscabais defender a Rafael Correa tras su juicio y condena en su país?
La película no pretende mostrar al expresidente Correa como héroe o villano, culpable o inocente. Lo que hacemos es preguntarnos si un proceso judicial de estas características, en las que se aplica una figura legal que no está en el Código penal, contó realmente con todas las garantías democráticas. Eso es lo que nos interesa trasladar al espectador.
¿Qué es exactamente el lawfare?
Es el uso de instrumentos judiciales con fines políticos. Es un concepto complejo, pero cada vez más presente en muchos países. Nosotros utilizamos el caso ecuatoriano para explicar ese fenómeno, no para hacer propaganda de nadie. Para unos, Correa es el auténtico demonio; para otros, el salvador que impulsó la educación. Y ese es justamente el problema del lawfare: al final se acaban utilizando las filias y las fobias para sentenciar a alguien, cuando en un sistema democrático las garantías judiciales deberían estar por encima de si un líder cae bien o mal.
“¿Condenado por influjo psíquico? No juzgamos al ex presidente Correa; cuestionamos si el proceso judicial tuvo garantías”
Habéis rodado en ocho países. ¿Ha sido vuestro proyecto más complejo?
Sin ninguna duda. Pensábamos que sería un documental de seis meses y terminó convirtiéndose en una investigación internacional de varios años. Hemos grabado en Ecuador, Colombia, Venezuela, México —donde hay muchísimos exiliados—, Israel y España, entre otros. También viajamos a Canadá donde conseguimos un testimonio muy relevante, pero finalmente no pudimos usarlo: tiene mucho miedo. Ha sido una verdadera aventura. La actualidad política cambiaba constantemente y nos ha obligado a replantear y actualizar el guión una y otra vez. Durante el rodaje, el vicepresidente Jorge Glas vivió un episodio dramático, dado que el actual Gobierno asaltó la embajada de México en Quito, donde Glas había pedido asilo. Lo sacaron por la fuerza con los militares para detenerlo. Todo eso ocurrió mientras estábamos en pleno desarrollo de la película.
Intentasteis recoger todas las voces. ¿Cuál fue el momento más complicado?
Queríamos que el documental fuera plural de verdad. Contactamos con víctimas exiliadas, pero también con la fiscal y con el ex presidente Moreno. Algunos aceptaron, otros no, y otros hablaron con nosotras sin salir en cámara. Justo cuando ganaron las elecciones el actual presidente Noboa y su vicepresidenta Verónica Abad empezamos a seguir la actualidad y vimos que la propia vicepresidenta denunciaba a su gobierno: Noboa la había enviado, según ella “desterrada”, a Tel Aviv, en pleno conflicto abierto, con la excusa de apoyar la desescalada. Nos pareció fundamental entrevistar a alguien que denunciaba lo mismo desde el lado ideológico opuesto al de Correa. Probablemente, el viaje a Israel para entrevistar precisamente a la vicepresidenta de Ecuador fue uno de los momentos más difíciles. Viajar Tel Aviv para intentar hablar con ella y el equipo vivió una situación muy tensa con las autoridades. Ahí fuimos realmente conscientes de que estábamos trabajando sobre un tema muy sensible.
Contáis también con el testimonio de una perito judicial.
Sí, y ese fue otro de los momentos más duros del rodaje. Analizó una serie de documentos que le entregó la fiscalía y concluyó que aquello encajaba con una figura de delincuencia organizada, no con cohecho. En el documental mostramos que cuando se lo planteó a la fiscal, la respuesta fue que “son tiempos que hay que manejar” y que el cohecho permitía condenar en ausencia, ya que el expresidente no estaba en Ecuador. Cuando por fin se atrevió a dar la cara, quedamos con ella en Colombia para grabar. Al llegar al aeropuerto de El Dorado nos avisó de que había saltado una alerta de Interpol contra ella y no la dejaban salir. Oír la palabra Interpol en ese contexto fue durísimo: era evidente que todo estaba dirigido.
“Lo que más me impresionó fue conocer a personas que siguen pagando un precio personal muy alto por defender sus ideas”
¿Qué te gustaría que se llevara el espectador después de ver el documental?
Que reflexione sobre la importancia de las garantías democráticas. Da igual que una persona nos caiga bien o mal políticamente. En un Estado de derecho los procedimientos judiciales deben estar por encima de las simpatías o las fobias. Antes del epílogo hay una entrevista a María Duarte, exministra del Gobierno de Correa, que dice algo así como que lo ha pasado muy mal, que ha estado lejos de la gente a la que quiere, pero que no cambiaría nada. Se me pone la piel de gallina cada vez que lo recuerdo. Otro de los entrevistados, Bolívar Sánchez, contaba que la fiscal les había dicho literalmente que si le daban lo que ella quería, ella les daría lo que ellos querían: sabían que en cuanto uno se quebrara y señalara a otro, todo se terminaría. Y ninguno lo hizo. Escuchar eso de alguien que sigue en el exilio es impactante. Más allá de la política encontramos personas que llevaban años exiliadas, alejadas de sus familias o que habían visto cambiar completamente sus vidas. Esa dimensión humana ha sido muy importante.
“El documental tiene , precisamente, La capacidad de iluminar zonas incómodas de la realidad”
¿Cuándo se estrena “Influjo psíquico”? ¿Ha sido difícil sacar adelante una producción de estas características desde Aragón?
Previsiblemente se estrena en septiembre en España y México, aunque las fechas todavía no están cerradas del todo. En cuanto a la financiación, hemos llamado a todas las puertas posibles en Aragón —ayudas municipales, autonómicas, Aragón Televisión— y en muchos casos el proyecto se queda un poco fuera de foco por su carácter internacional. Hemos tirado mucho de crowdfunding y del compromiso de un equipo que ha cobrado bastante menos de lo que le correspondería. El 90% del equipo es aragonés, y de hecho trajimos al propio expresidente Correa a rodar a Los Monegros: la directora quedó fascinada por ese paisaje casi desértico y decidió que la película debía abrir ahí, con un contraste visual muy potente entre sus trajes bordados tradicionales y ese entorno polvoriento que habla de soledad y de destierro.
¿Dónde se podrá ver la película?
Primero, habrá un estreno y después buscaremos distribución. Nos está costando encontrar quien apueste por ella, igual que nos costaron las ayudas, pero por su factura y su ritmo muy periodístico creo que encajaría perfectamente en plataformas como Movistar Plus+ o RTVE, e idealmente en Netflix o Amazon Prime, que son las plataformas donde está disponible el documental sobre Petro.
¿Habéis pasado ya por festivales?
Sí. Tuvimos un screening en el Festival de Cine de Zaragoza, donde premiaron a la directora con el Augusto Latino. Hemos participado tambien en un laboratorio en el Festival de Tarragona (REC) y estuvimos en el Festival de Málaga en marzo. Justo después fuimos al Festival de Cine Latinoamericano de Burdeos, una experiencia preciosa: el público francés siempre ha tenido una sensibilidad especial hacia Latinoamérica y hacia los temas políticos y sociales, y muchos de ellos no conocían la historia. El coloquio posterior fue tremendamente interesante.
Influjo Psíquico llegará previsiblemente a los cines en septiembre antes de iniciar su recorrido por plataformas y festivales
¿Crees que vivimos un buen momento para el documental político? ¿Es más difícil ahora que en otras épocas?
Creo que siempre es un buen momento para contar historias que obliguen a pensar. El documental tiene precisamente esa capacidad de iluminar zonas incómodas de la realidad. Salvo en momentos en los que directamente no se podía hacer nada, creo que los documentales siempre han tenido ese espíritu de mostrar realidades incómodas, cosas que la gente prefiere no ver porque implican involucrarse. La mirada documental es necesaria, complicada e incómoda, y esta vez me ha obligado a ejercer casi de periodista, algo que no es mi formación. En este proyecto hemos tenido libertad absoluta y cero presión, y hemos contado la historia como hemos querido.
¿Trabajas ya en nuevos proyectos? ¿Cuales son tus próximas historias?
Sí. Estoy desarrollando un documental sobre mujeres que han ocupado posiciones de poder y cuya contribución ha quedado invisibilizada. Está inspirado en parte en el trabajo de una profesora universitaria sobre genealogías silenciadas de mujeres en la narración de la historia. Tenemos previsto entrevistar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que nos ha apoyado mucho también en la promoción de “Influjo psíquico”, y estamos intentando acercarnos a Giorgia Meloni. Aquí me pasa como con el documental de Correa: no es un tema ideológico, aunque a veces resulte difícil explicarlo así.
Además del guión, ¿te planteas dar el salto a la dirección?
Me lo estoy planteado. Con “Influjo psíquico” me he dado cuenta de que el guión estaba muy pegado a la dirección. Las entrevistas las hacía yo, mientras la directora se centraba en la parte más técnica y visual, que se le da muy bien. Me gustaría explorar la codirección; trabajar en tándem me resultaría muy cómodo.
Tienes también en mente un proyecto sobre la Generación del 27.
Coincidiendo con el centenario. Me atrae mucho la figura de Ignacio Sánchez Mejías, el mecenas del 27 al que Lorca dedicó “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, uno de los grandes poemas elegíacos. Fue torero, dramaturgo, presidente de la Cruz Roja, aviador y cronista taurino: un humanista polifacético que en España apenas es conocido, aunque si hubiera nacido en otro contexto probablemente sería una figura mucho más popular. De momento, tenemos algunos esbozos, seguramente como cortometraje.
Después de esta experiencia, ¿el documental ha llegado para quedarse?
Curiosamente sí. Siempre pensé que mi camino estaría en la ficción, pero en el documental todo está abierto, me ha descubierto una parte que disfruto muchísimo: la investigación. Es la fase que más me apasiona.
el documental invita al espectador a reflexionar sobre los límites entre justicia y política

















