Javier Alcázar: “El cáncer de próstata me salvó la vida; hablar de él puede salvar la de muchos otros hombres”

Hace exactamente cinco años, Javier Alcázar ingresaba en el hospital para ser operado de un cáncer de próstata. Tenía 46 años y ninguna referencia de lo que le esperaba: nadie habla del cáncer masculino como se habla del cáncer de mama. De aquella experiencia, y de un verano de 2021 en el que “tocó fondo”, nació TheMoveMen, un movimiento  que hoy reúne a más de 70 socios y medio centenar de voluntarios y que se ha propuesto un objetivo tan sencillo como ambicioso: que hablar de cáncer masculino deje de ser un tabú. Hablamos con Javier sobre el diagnóstico, la enfermedad y la masculinidad. Lo que comenzó como un mazazo acabó transformándose en un proyecto que hoy moviliza a empresas, médicos, pacientes e instituciones.

Su vida cambió radicalmente a los 46 años, con un diagnóstico de cáncer de próstata. ¿Cómo recuerda aquel momento?

Es imposible olvidarlo. Hace ahora cinco años ingresé en el hospital para una operación que cambió mi vida. Me extirparon la próstata, los ganglios y las vesículas seminales. A partir de ahí empezó una etapa completamente distinta.

Lo sorprendente es que el diagnóstico llegó casi por casualidad.

Soy diabético desde los 26 años y acudí a una revisión rutinaria con mi endocrino que en ese momento estaba leyendo un artículo científico sobre una posible relación entre diabetes y cáncer de próstata. Me propuso hacer una prueba de PSA casi por intuición. Yo ni siquiera sabía qué era eso del PSA. El resultado fue completamente inesperado. El límite normal está en 4 ng/ml y a mí me salió 22. A partir de ahí llegaron más pruebas y el diagnóstico. El PSA no es un marcador tumoral en sí mismo, es un indicador que puede señalar que algo pasa en la próstata. Si aquel médico no hubiera estado leyendo ese artículo, probablemente hoy estaría hablando de un cáncer metastásico… o quizá ya no estaría aquí.

¿Qué fue lo primero que sentiste cuando escuchaste la palabra “cáncer”?¿Fue un shock recibir la noticia?

La palabra cáncer asusta muchísimo, el miedo es atroz, tienes la sensación de que te vas a morir mañana. En mi caso no era un cáncer metastásico —tenía afectada el 39% de la próstata, pero no se había extendido—, así que dentro de lo malo, no era tan malo. Pero los hombres no hablamos de cáncer, ni de la muerte, con la naturalidad con la que sí se hace, por ejemplo, con el cáncer de mama.

“Los hombres hablamos muy poco de nuestra salud. Ese silencio sigue costando vidas”

¿Tenías algún síntoma?

Ninguno. Absolutamente ninguno. Me encontraba bien y llevaba una vida normal. Por eso insisto tanto en la importancia de las revisiones. El cáncer de próstata puede no dar ninguna señal hasta que ya es demasiado tarde.

Sin embargo, España sigue sin tener un programa de cribado para el cáncer de próstata.

Ese es uno de los grandes debates. Cada año se diagnostican alrededor de 35.000 casos de cáncer de próstata, prácticamente los mismos que de cáncer de mama. La mortalidad también es muy similar. Sin embargo, existe un programa de detección precoz para uno y no para el otro. Es verdad que técnicamente el PSA no sirve por sí solo como prueba de cribado y necesita otras pruebas complementarias. Pero la Unión Europea ya ha pedido a los Estados miembros que estudien cómo implantar programas de detección precoz. Hay que avanzar en esa dirección.

Coincidió con un momento especialmente duro de tu vida.

Venía de perder a mi madre de alzhéimer, en pleno COVID, y ni siquiera pude despedirme de ella. En aquel momento no era consciente del desgaste emocional que llevaba acumulado, ya que fui su cuidador durante once años. Después comprendí que llevaba demasiado tiempo soportando estrés, responsabilidades familiares, laborales… Todo eso termina pasando factura. No digo que el cáncer aparezca por eso, porque sería una irresponsabilidad afirmarlo. Pero sí creo que el cuerpo habla cuando nosotros dejamos de escucharlo. Estoy convencido de que ese cóctel emocional tuvo algo que ver con mi cáncer.

“España sigue sin tener un programa de cribado para el cáncer de próstata que si hay para el cáncer de mama”

Hablas mucho de que el cáncer te obligó a parar. ¿Qué descubriste durante ese paréntesis?

Descubrí muchas cosas de mí mismo. La primera fue aprender a perdonarme. Parece una frase hecha, pero no lo es. Llegó un momento en el que incluso me sentía culpable por haber enfermado. Después entiendes que no sirve de nada preguntarte constantemente por qué te ha tocado. Lo importante es qué haces a partir de ahí. El cáncer me enseñó a aceptarme, a quererme más y a vivir con otra perspectiva. Yo creía que era feliz antes de enfermar, pero hoy sé que soy mucho más consciente de la vida.

Hablas de un silencio muy específico en torno al cáncer masculino

Hay al menos tres efectos secundarios de los que casi nadie habla: la salud mental, que es transversal a cualquier cáncer; la incontinencia y la disfunción eréctil. Yo llevé pañales veinte días. Recuerdo perfectamente ir a comprarlos por primera vez y ponérmelos en casa: nadie te explica qué tipo comprar, te plantas en la farmacia mirando envases y luego te miras al espejo con eso puesto y buffff. Para mí esa imagen es una especie de símbolo: cuando te desnudas de verdad ante ti mismo lo primero que ves son tus miserias. Pero también descubres algo importante: puedes seguir adelante. Esa vulnerabilidad termina convirtiéndose en una fortaleza.

“El cáncer me obligó a parar. Y, aunque ojalá no lo hubiera tenido, me enseñó a vivir de verdad”

¿Y respecto a la disfunción eréctil? ¿El tabú tiene que ver únicamente con la enfermedad?

Pongo la mano en el fuego a que nadie te ha dicho nunca que sufre disfunción eréctil. Y no hace falta tener cáncer para sufrirla: el estrés, la diabetes, mil causas la producen. En cambio, del cáncer de mama todas mis amigas me han hablado abiertamente. Entre mis amigos, que yo sepa, ninguno. Mientras no normalicemos esas conversaciones, seguiremos llegando tarde.

Sin embargo, de todo eso casi nunca se habla.

Ese es precisamente el problema. Todo el mundo conoce testimonios de mujeres que han hablado con enorme valentía del cáncer de mama. Y gracias a eso hoy existe mucha más conciencia social. En cambio, ¿cuántos hombres conoces que hayan contado públicamente que han sufrido un cáncer de próstata? Muy pocos. Y eso hace que cuando te toca vivirlo te sientas completamente solo.

“The Movemen no habla solo de cáncer; habla de vida, de prevención y de cambiar una cultura”

Y de tu experiencia personal nace TheMoveMen con un lema muy claro: “Hablar salva vidas”.

Exactamente. Yo no tuve referentes. Nadie me explicó qué me iba a pasar. Los médicos hacen su trabajo, pero necesitaba escuchar a alguien que hubiera recorrido ese camino antes que yo. Entonces pensé: si yo he echado de menos esa voz, seguro que hay miles de hombres igual. A los pocos meses de contar mi caso, un amigo se hizo la prueba y también le detectaron un cáncer de próstata. Otro amigo impulsó que se incluyera el marcador PSA en el reconocimiento médico obligatorio de su empresa, y también le detectaron algo. Ahí entendí que hablar salva vidas. En enero de 2023 decidimos darle la vuelta a la tortilla: convertir ese vacío, ese silencio en torno al cáncer masculino, en un movimiento. Y así nació The MoveMen.

¿Por qué un movimiento y no simplemente una asociación?

Porque queremos cambiar una cultura. Jurídicamente somos una asociación sin ánimo de lucro, pero nuestra vocación es mucho más amplia. Queremos sacar el cáncer masculino del hospital y llevar la conversación a las empresas, a la cultura, al deporte, a los medios de comunicación, a las universidades. El cáncer no pertenece solo al ámbito sanitario. Es un asunto social.

También hablan de cáncer de mama masculino.

Sí, existe, aunque muy poca gente lo sabe: unos 700 casos en España. Hemos organizado acciones al respecto y el año que viene tenemos previsto celebrar en Zaragoza el que sería el primer congreso de cáncer de mama masculino en España, junto a Asociación INVI, la única asociación específica sobre este tema.

“Anteponer una erección a la propia vida es un error que todavía seguimos viendo”

También hablas mucho del papel de las mujeres.

Porque son fundamentales. Hoy por hoy siguen siendo las grandes prescriptoras de la salud masculina. Son ellas quienes muchas veces dicen al marido, al padre o al hijo que vaya al médico. Eso demuestra que todavía arrastramos una educación donde los hombres hemos delegado el cuidado de nuestra salud. Tenemos que cambiar ese modelo.

Dices que el cáncer masculino no es un problema de hombres.

No. Es un problema social. Cuando un hombre enferma, también enferma su pareja, su familia, sus hijos, su empresa, sus amigos… Por eso The Movement Men trabaja con todos esos ámbitos. No queremos hablar solo de pacientes. Queremos hablar de personas.

En apenas dos años y medio habéis conseguido una enorme repercusión con TheMoveMen.

La verdad es que estamos muy orgullosos. Contamos con médicos de referencia, empresas que creen en el proyecto, investigadores, pacientes y voluntarios. Estamos presentes ya en diferentes ciudades de España y seguimos creciendo. Estamos presentes en Madrid, este año nos presentamos en Barcelona y el próximo en Valencia. Tenemos una gala anual, presencia en redes sociales, numerosas actividades y colaboramos con instituciones como la Asociación Española de Urología. Todavía queda muchísimo camino por recorrer.

¿Hoy tienes miedo? ¿Te sigues sometiendo a revisiones periódicas?

Sí. El cáncer sigue formando parte de mi vida. El año pasado tuve que recibir veinte sesiones de radioterapia porque aparecieron células residuales. Evidentemente no fue una buena noticia. Pero incluso esa experiencia intenté vivirla de otra manera. Aproveché para conocer el trabajo de profesionales sanitarios que muchas veces permanecen invisibles y darles también visibilidad. No se trata de negar la realidad. Se trata de elegir desde dónde la afrontas. El miedo nunca desaparece del todo. No sé si algún día moriré de cáncer, con cáncer o de cualquier otra cosa. Nadie lo sabe. Pero sí sé una cosa: mientras esté aquí quiero vivir intensamente.

Hablar del cáncer masculino salva vidas, obliga a replantearnos la manera en la entendemos la enfermedad y el cuidado de nuestra propia salud

¿Qué le dirías a un hombre que está retrasando una revisión porque “ya irá otro día”?

Que está jugando con su vida. Hace poco una mujer me contó que un amigo suyo no quería operarse porque temía perder la función eréctil. Mi respuesta fue muy clara: ¿de verdad vas a anteponer una erección a tu vida? Creo que esa frase resume perfectamente el problema que todavía tenemos.

¿Las nuevas generaciones están rompiendo ese tabú?

Me muevo mucho en ámbitos empresariales, con gente joven, directivos… y noto que la salud mental, por ejemplo, está mucho más desinhibida que antes. Cuesta menos hablar de ciertas cosas, y eso es positivo, aunque queda muchísimo trabajo por delante.

Después de todo lo vivido, ¿qué significa hoy para ti TheMoveMen?

Es probablemente el proyecto más importante de mi vida. Un movimiento vital que pretende cambiar la forma en que el cáncer masculino está integrado en la sociedad, hablando sin tapujos de ello, entre hombres y mujeres. No porque lo haya creado yo, sino porque puede ayudar a otras personas a sentirse menos solas. Si conseguimos que un hombre vaya al médico antes de tiempo, que otro se atreva a decir “tengo miedo” o que una familia encuentre apoyo, todo habrá merecido la pena. Porque, al final, hablar salva vidas y esta es nuestra razón de ser.

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