Hace 100 millones de años, en lo que hoy es la comarca de Gúdar-Javalambre, vastas llanuras mareales y bahías costeras se extendían bajo un cielo abrasador. Entre coníferas resistentes y plantas acintadas, dinosaurios de gran tamaño transitaban por un ecosistema rico y dinámico. Ahora, un equipo de investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha desenterrado las claves de este antiguo paisaje, ofreciendo un vistazo sin precedentes al mundo natural del límite entre el Cretácico Inferior y el Cretácico Superior.

En Mosqueruela, los paleobotánicos recuperaron ramas fosilizadas de coníferas del género Frenelopsis y una hoja del género Desmiophyllum, plantas gimnospermas adaptadas a ambientes costeros. Los sedimentos que preservaron estos fósiles revelan que estas especies prosperaban en llanuras mareales y bordes de bahías, compartiendo su entorno con dinosaurios que frecuentaban estos paisajes costeros. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Palaeobiodiversity and Palaeoenvironments, subraya la importancia de las paleofloras costeras para reconstruir la historia ecológica de nuestro planeta.
Además de estos hallazgos vegetales, Dinópolis ha destacado por sus investigaciones en la región, incluyendo el reciente descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio saurópodo, Tamarro insperatus, en Camarillas. Estas contribuciones no solo enriquecen el conocimiento de la biodiversidad prehistórica, sino que sitúan a Aragón como un referente mundial en el estudio de los ecosistemas del Cretácico.

Los investigadores destacan que estas paleofloras costeras no solo son relevantes a nivel local. Los fósiles de Mosqueruela permiten trazar conexiones entre ecosistemas similares en otras partes del mundo, demostrando cómo las costas del Cretácico estaban interconectadas globalmente. Este enfoque posiciona a Teruel y a la Fundación Dinópolis en la vanguardia de la paleobotánica internacional.
Además, la combinación de investigación científica y divulgación ha convertido a Dinópolis en un motor de turismo cultural en Aragón. Este parque paleontológico atrae anualmente a miles de visitantes, quienes descubren cómo la conservación y el estudio de los fósiles abren ventanas únicas al pasado remoto de la Tierra.
Estos descubrimientos continúan tejiendo un tapiz más detallado de la vida en el Cretácico, recordándonos que los yacimientos fósiles no son solo vestigios del pasado, sino claves para entender el presente y el futuro de nuestro planeta.














