Hace un año entrevistábamos en estas páginas al embajador de Vietnam en Madrid. Entonces hablábamos de una relación bilateral en expansión, con margen para crecer en comercio, inversión e innovación. Hoy, tras la publicación de las conclusiones del XIV Congreso Nacional del Partido Comunista de Vietnam (PCV), ese horizonte no solo se confirma: se acelera.
El documento oficial del Congreso —celebrado en un contexto de estabilidad macroeconómica y ambición reformista— fija objetivos económicos concretos que impactan directamente en el posicionamiento de Vietnam como socio estratégico para Europa y, por extensión, para España.
Crecimiento sólido y salto cualitativo
En la evaluación del XIII Congreso (2021-2025), el Partido subraya que el país ha mantenido estabilidad macroeconómica, control de la inflación, deuda y déficit, y una balanza comercial con superávits sostenidos. El crecimiento medio del PIB en el periodo se sitúa en torno al 6,3%, con un tamaño estimado de más de 510.000 millones de dólares en 2025 y una renta per cápita cercana a los 5.000 dólares, lo que consolida a Vietnam como economía de renta media.
Para el periodo 2026-2030, el objetivo es aún más ambicioso: crecimiento medio anual del 10%, alcanzar los 8.500 dólares de renta per cápita en 2030 y elevar el Índice de Desarrollo Humano hasta 0,78.
Para las empresas españolas, esto no es una estadística: es mercado. Vietnam, con casi 100 millones de habitantes, se perfila como uno de los polos industriales y tecnológicos más dinámicos del Sudeste Asiático, en plena transición hacia sectores de mayor valor añadido.

Economía de mercado con orientación socialista… e integración internacional
Uno de los puntos clave del XIV Congreso es la reafirmación de la “economía de mercado con orientación socialista”, profundamente integrada en la economía internacional. El texto insiste en la necesidad de modernizar el marco institucional, eliminar cuellos de botella regulatorios y priorizar sectores industriales y tecnológicos estratégicos, con especial énfasis en inteligencia artificial, innovación y transformación digital.
Para España, esto abre tres vectores claros de oportunidad:
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Infraestructuras y energía: El Congreso prioriza la mejora de infraestructuras de transporte, energéticas y tecnológicas. Empresas españolas con experiencia en ferrocarril, gestión portuaria, energías renovables o redes inteligentes pueden encontrar en Vietnam un socio natural, especialmente en el marco del Acuerdo de Libre Comercio UE-Vietnam.
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Tecnología e industria avanzada: La apuesta explícita por nuevas fuerzas productivas, digitalización e innovación crea espacio para colaboración en ciberseguridad, automatización industrial, inteligencia artificial aplicada y formación tecnológica.
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Formación y capital humano: El documento insiste en desarrollar recursos humanos de alta calidad y modernizar la educación y la ciencia. Universidades españolas, escuelas de negocio y empresas de formación técnica pueden posicionarse como socios estratégicos.

Puerto de contenedores al atardecer Vietnam. Foto AI
Estabilidad política y diplomacia multilateral
Desde la óptica empresarial, un elemento no menor es el énfasis del Congreso en mantener estabilidad política, seguridad jurídica y una política exterior de independencia, multilateralismo y diversificación de relaciones. Vietnam busca consolidar vínculos con socios estratégicos y grandes potencias, profundizando relaciones de forma estable y sostenible.
España, que en los últimos años ha intensificado su diplomacia económica en Asia-Pacífico, puede encontrar aquí un terreno fértil para reforzar su presencia institucional y empresarial. El momento es propicio: la reconfiguración de cadenas de suministro globales está llevando a muchas compañías europeas a diversificar su exposición más allá de China, y Vietnam se posiciona como uno de los principales destinos alternativos.
De socio comercial a aliado industrial
El XIV Congreso no es solo una hoja de ruta política; es una declaración de intenciones económicas. La combinación de crecimiento sostenido, reformas institucionales, impulso tecnológico y apertura internacional sitúa a Vietnam en una fase de consolidación como potencia manufacturera y tecnológica regional.
Para España, el reto es pasar de una relación comercial creciente —pero aún modesta en volumen relativo— a una alianza estratégica más profunda: inversión directa, presencia industrial, cooperación tecnológica y proyectos conjuntos en terceros mercados.
Hace un año, el embajador vietnamita en Madrid hablaba de confianza y complementariedad. Hoy, tras el XIV Congreso, el mensaje es más ambicioso: Vietnam quiere jugar en la primera división económica asiática antes de 2030.
La pregunta ya no es si habrá oportunidades para las empresas españolas, sino si estaremos preparados para aprovecharlas.














