Desde mediados de la década de 2010, las Humanidades han ido perdiendo peso en la universidad española, y Aragón no es una excepción. En la Universidad de Zaragoza, representan apenas un 7 % del total del alumnado, mientras que la mayoría de los estudiantes se concentra en carreras tecnológicas, científicas y de salud. En la Universidad San Jorge, la matrícula refleja de igual manera una clara preferencia por programas STEM, salud y títulos profesionales, dejando a los estudios humanísticos en un segundo plano.
Esto plantea una cuestión: si la disminución de estudiantes en Humanidades se debe principalmente a que se promueven las STEM pensando en las necesidades futuras, ¿estamos realmente preparando a nuestros jóvenes para cultivar habilidades que serán igual de esenciales en la vida profesional y en la convivencia social? 
Las necesidades de las empresas hoy
Mi experiencia en el entorno laboral, muestra que las empresas no buscan únicamente técnicos competentes, sino profesionales completos, capaces de adaptarse a entornos cambiantes y que trabajen eficazmente en equipos diversos. Recientemente, durante el II Congreso Nacional de Educación STEAM en Zaragoza, pudimos escuchar de una empresa internacional tecnológica ubicada en nuestra comunidad, qué competencias valoraban y seleccionaban en sus candidatos;
- Mejora continua y aprendizaje constante
- Capacidad de reacción rápida y efectiva ante problemas inesperados
- Comunicación clara y asertiva
- Inteligencia interpersonal y empatía
- Capacidad de recibir y dar feedback para colaborar eficazmente
- Trabajo en equipo y liderazgo participativo
- Habilidad para enseñar a otros y transmitir conocimientos
- Resolución de problemas en contextos de obsolescencia tecnológica
- Movilidad entre roles y adaptación a nuevas funciones
¿Qué puede pasar si relegamos las Humanidades?
Si solo seguimos la demanda inmediata del mercado y potenciamos estudios tecnológicos o científicos, corremos el riesgo de formar profesionales técnicamente competentes pero con limitaciones en pensamiento crítico, comunicación y resolución de problemas interpersonales. El día a día de las empresas no se limita a la gestión de productos o servicios; está marcado por cómo respondemos al estrés, a las solicitudes, a los problemas y a las interacciones con nuestros equipos, proveedores, colaboradores y clientes. Y eso son relaciones humanas, impredecibles, no lineales y la mayoría de las veces, incompresibles.
La formación humanística prepara para enfrentar la incertidumbre, comprender el comportamiento (nuestro y de otros) y aportar soluciones creativas a situaciones complejas, competencias que las empresas ya valoran y buscan activamente.
Una apuesta estratégica para la sociedad
Me pregunto por qué no hemos potenciado y promocionado el estudio de las Humanidades si en realidad, son una necesidad estratégica. Integrarlas con estudios científicos o tecnológicos permitiría formar a profesionales más completos, capaces de combinar aquellas competencias técnicas que se demandan con competencias que marcan la diferencia competitiva.
Quizás si Aragón fomentara no solo las titulaciones que actualmente se demandan, sino también las de Humanidades, como inversión de futuro, de la sociedad y de nuestra economía, tendríamos trabajadores que abarcaran de verdad todas las capacidades necesarias para un entorno altamente cambiante.
Como antigua alumna de la Facultad de Filosofía y Letras, y hoy dedicada profesionalmente al liderazgo y a la formación en soft skills en entornos empresariales, observo con claridad cómo las competencias que desarrollan las Humanidades marcan la diferencia real dentro de las organizaciones Un dato lo ilustra bien: durante el congreso mencionado se evidenció una tendencia creciente de movilidad interna en las empresas. Profesionales con formación no científica ni técnica eran altamente valorados porque desempeñaban funciones vinculadas a lo tecnológico que exigían, sobre todo, habilidades humanas, comunicación y pensamiento crítico. Al mismo tiempo, perfiles de ingeniería ocupaban posiciones de liderazgo y gestión de equipos, alejados del trabajo técnico directo. En 2026, la movilidad de roles y la hibridación de competencias son ya una realidad. Y esa realidad confirma que las Humanidades no son un complemento: son un factor estratégico incluso en los entornos más tecnológicos.
Olvidar las Humanidades hoy es hipotecar la capacidad de nuestras empresas para adaptarse, innovar y liderar con humanidad.
Marisa Felipe es coaching y escritora, y desde hace más de 10 años ayuda a personas y empresas


















