De los puertos a la industria: así ha crecido la presencia china en México

China es uno de los principales proveedores de México y sus empresas han ganado presencia en automoción, tecnología, manufactura y otras actividades. La relación tiene una característica particular: se desarrolla dentro de una economía industrial profundamente integrada con Estados Unidos a través del T-MEC.

China se ha convertido en uno de los principales proveedores de México y sus empresas han ampliado su presencia en sectores como automoción, tecnología, electrónica, manufactura e infraestructuras portuarias. La relación presenta una particularidad frente a otros países latinoamericanos: mientras la industria mexicana está profundamente integrada con Estados Unidos, una parte creciente de los productos y componentes que importa procede de China.

La relación económica entre China y México ha adquirido durante los últimos años una dimensión difícil de explicar únicamente a través de las cifras de comercio exterior. China es uno de los grandes proveedores de la economía mexicana, sus fabricantes han ganado presencia en el mercado nacional y diferentes compañías han desarrollado inversiones industriales o participan en infraestructuras utilizadas por el comercio internacional. Todo ello sucede, además, en un país cuya economía mantiene una integración excepcional con Estados Unidos a través del T-MEC.

Esta combinación diferencia a México de otros países latinoamericanos. En Perú, por ejemplo, la presencia empresarial china resulta especialmente visible en grandes explotaciones mineras, activos eléctricos o el Puerto de Chancay. En México, el vínculo se concentra en mayor medida en el comercio, las cadenas industriales, la tecnología y el suministro de componentes y bienes de equipo. El resultado es una relación triangular en la que México importa masivamente desde China mientras dirige hacia Estados Unidos la mayor parte de sus exportaciones.

China, uno de los grandes proveedores de México

México importó en 2025 alrededor de 120.000 millones de dólares en productos procedentes de China, aproximadamente el 20% de todas sus compras exteriores, mientras las exportaciones mexicanas hacia el mercado chino rondaron los 9.000 millones. La diferencia refleja una relación comercial muy desequilibrada en términos cuantitativos, pero también permite comprobar el papel que los proveedores chinos han adquirido dentro de la economía mexicana.

La composición de esas importaciones resulta especialmente significativa. México compra a China teléfonos y equipos de telecomunicaciones, componentes electrónicos, ordenadores, maquinaria, equipos eléctricos, piezas industriales y numerosos bienes de consumo. Una parte corresponde a productos terminados destinados directamente al mercado mexicano, pero otra se incorpora a procesos productivos desarrollados dentro del país.

Ahí aparece una de las características fundamentales de esta relación. México se ha convertido durante las últimas décadas en una gran plataforma manufacturera norteamericana, especialmente en sectores como automoción, electrónica, electrodomésticos, maquinaria y equipamiento industrial. Las fábricas instaladas en el país utilizan componentes procedentes de numerosos mercados y China ocupa una posición relevante entre sus proveedores. Al mismo tiempo, Estados Unidos continúa absorbiendo más del 80% de las exportaciones mexicanas.

Las empresas chinas buscan también producir en México

La relación ha comenzado a evolucionar desde la exportación de productos fabricados en China hacia una mayor presencia empresarial dentro del territorio mexicano. Fabricantes de diferentes sectores han establecido instalaciones, centros comerciales o estructuras de distribución, mientras otros han estudiado inversiones productivas para atender tanto el mercado mexicano como otros destinos latinoamericanos.

La automoción es uno de los ejemplos más visibles. Las marcas chinas han aumentado rápidamente su presencia comercial en México coincidiendo con su expansión internacional y con el crecimiento de los vehículos eléctricos e híbridos. Compañías como BYD, MG —perteneciente al grupo chino SAIC—, Chery, JAC, Geely o GWM forman ya parte del mercado mexicano, aunque sus estrategias industriales y el grado de producción local son diferentes.

La inversión directa registrada oficialmente continúa siendo mucho menor que el volumen del intercambio comercial. Los datos de la Secretaría de Economía contabilizaban unos 2.720 millones de dólares de inversión extranjera directa procedente de China entre 1999 y 2024. Estas estadísticas, no obstante, no siempre reflejan la totalidad de la inversión vinculada a grupos chinos, ya que algunas operaciones se canalizan mediante sociedades establecidas en terceros países.

El interés industrial por México está estrechamente relacionado con las características de su economía. El país dispone de una amplia red manufacturera, proveedores especializados, costes competitivos y proximidad al mayor mercado de consumo del continente. A ello se suma el T-MEC, aunque las reglas de origen del acuerdo y la política comercial estadounidense condicionan las posibilidades de utilizar México como plataforma para acceder a Estados Unidos.

Tecnología y telecomunicaciones, una presencia consolidada

La actividad china en México no se limita a la industria tradicional. Empresas tecnológicas del país asiático llevan años operando en el mercado mexicano, especialmente en telecomunicaciones, electrónica y servicios digitales.

Huawei es probablemente el ejemplo más conocido. La compañía desarrolla actividades relacionadas con infraestructuras de telecomunicaciones, servicios empresariales, almacenamiento, computación en la nube, energía digital y dispositivos electrónicos. A ella se suman otros fabricantes chinos de equipos de telecomunicaciones y electrónica, además de marcas de teléfonos móviles y dispositivos de consumo que han ganado espacio en el mercado mexicano.

Esta presencia tecnológica adquiere relevancia a medida que México aumenta sus inversiones en redes de comunicaciones, centros de datos, servicios en la nube y digitalización empresarial. La relación con China se extiende así desde la importación de productos electrónicos hasta el suministro de equipos y soluciones utilizadas por empresas y operadores mexicanos.

Una presencia portuaria desde hace tres décadas

Existe además una dimensión menos conocida: la participación de capital de Hong Kong en algunas de las principales infraestructuras portuarias mexicanas. En este punto es necesario distinguir esta presencia de la protagonizada directamente por empresas estatales de la China continental. El principal operador es Hutchison Ports, perteneciente al conglomerado CK Hutchison Holdings, con sede en Hong Kong, que entró en México en 1995.

La compañía dispone actualmente de terminales en Lázaro Cárdenas, Manzanillo y Ensenada, en la costa del Pacífico, y en Veracruz, en el Golfo de México, además de instalaciones logísticas interiores. Esta distribución le proporciona presencia en algunos de los principales corredores utilizados para conectar la industria mexicana con Asia, Norteamérica, Europa y otros mercados latinoamericanos.

Lázaro Cárdenas constituye uno de los puntos más relevantes. Hutchison está ampliando allí su terminal mediante nuevos espacios y capacidad de atraque, con el objetivo de alcanzar alrededor de dos millones de TEU anuales una vez completado el proyecto. Manzanillo desempeña también una función fundamental en las conexiones mexicanas con Asia, mientras Veracruz constituye una de las grandes puertas comerciales del país hacia el Atlántico.

Esta red portuaria no equivale al modelo desarrollado por COSCO en el Puerto de Chancay, en Perú. En aquel caso, una empresa estatal de la China continental controla el 60% de una infraestructura de nueva construcción concebida como gran conexión transpacífica. En México se trata fundamentalmente de terminales operadas por una compañía de Hong Kong dentro de puertos pertenecientes al sistema portuario mexicano.

México, entre sus cadenas industriales asiáticas y el mercado estadounidense

La posición de México resulta singular porque las relaciones económicas con China y Estados Unidos tienen características diferentes. Estados Unidos continúa siendo con mucha diferencia su principal mercado exterior y el destino fundamental de la producción manufacturera mexicana. China, por su parte, ocupa una posición especialmente relevante como proveedor de mercancías, tecnología, maquinaria y componentes utilizados tanto por los consumidores como por la propia industria.

Esta estructura ha adquirido mayor importancia con la revisión de las relaciones comerciales norteamericanas. Las reglas de origen del T-MEC, los aranceles estadounidenses, la procedencia de los componentes incorporados a los productos fabricados en México y las inversiones de compañías chinas forman parte de una negociación que afecta directamente a sectores como la automoción, el acero, la electrónica o las baterías.

México mantiene, por tanto, una relación económica con China diferente a la existente en países latinoamericanos con una fuerte dependencia de las exportaciones de materias primas. El peso de la manufactura mexicana hace que buena parte de esa conexión se produzca dentro de las cadenas industriales: maquinaria y componentes llegan desde Asia, se incorporan a procesos productivos desarrollados en México y una parte de los bienes resultantes termina posteriormente en el mercado estadounidense.

Una relación que se extiende a nuevos sectores

El comercio continúa siendo el elemento central, pero la presencia empresarial china se ha diversificado. Automoción, electrónica, telecomunicaciones, maquinaria, manufactura y otros sectores muestran cómo las compañías del país asiático han aumentado su actividad en México, mientras las conexiones portuarias del Pacífico facilitan un intercambio de mercancías cada vez mayor con Asia.

Al mismo tiempo, la integración de México con Estados Unidos establece límites y condiciones específicas para esa expansión. La posibilidad de que una empresa china fabrique en territorio mexicano no implica automáticamente que sus productos puedan acceder al mercado estadounidense en las mismas condiciones que los fabricados con componentes que cumplen las reglas de origen del T-MEC. Esta cuestión está adquiriendo especial importancia a medida que Washington endurece su política comercial e industrial frente a China.

La presencia china en México debe entenderse, por ello, dentro de la propia transformación industrial del país. México es simultáneamente uno de los principales centros manufactureros de Norteamérica, un mercado de más de 130 millones de habitantes y una importante puerta comercial entre el Pacífico y Estados Unidos. China se ha convertido en uno de sus principales proveedores y sus empresas han aumentado progresivamente su presencia comercial e industrial.

Esa combinación explica una relación económica que no responde al mismo patrón que en Perú, Chile o Brasil. En México, la presencia china se encuentra especialmente vinculada a la industria y al comercio, y se desarrolla dentro de una economía cuya principal conexión exterior continúa siendo Estados Unidos.

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