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De Cariñena al Campo de Borja: un viaje por la Zaragoza de los viñedos

Dos territorios con una larga tradición vinícola, bodegas que abren sus puertas al visitante y un patrimonio que invita a descubrir la provincia de Zaragoza a través de sus vinos.

Hay muchas formas de recorrer la provincia de Zaragoza y una de las más interesantes es hacerlo siguiendo el paisaje de sus viñedos. Al sur de la capital, Cariñena lleva siglos vinculada al cultivo de la vid, mientras que, hacia el noroeste, el Campo de Borja ha encontrado en la garnacha una de sus principales señas de identidad. Son dos territorios con personalidad propia, separados por algo más que unos kilómetros, que ofrecen al viajero la posibilidad de conocer bodegas, descubrir pueblos y acercarse a una actividad que ha dejado su huella en la historia y en el paisaje.

El otoño es una época especialmente atractiva para visitarlos. Terminada la vendimia, las hojas de las cepas adquieren tonalidades amarillas, ocres y rojizas antes de caer, y los viñedos ofrecen una imagen muy diferente de la que presentan durante los meses de verano. Es también un buen momento para recorrer las localidades con tranquilidad, visitar alguna bodega y disfrutar de la gastronomía de la zona.

Cariñena, una historia escrita entre viñedos

A unos 50 kilómetros de Zaragoza, Cariñena es uno de los grandes nombres del vino aragonés. Su tradición vitivinícola se remonta a siglos atrás y ha condicionado tanto la economía local como las costumbres de sus habitantes. Basta recorrer sus calles para encontrar referencias a una actividad que forma parte de la identidad de la ciudad.

Una buena manera de comenzar la visita es acercarse al Museo del Vino, instalado en la antigua Casa de la Viña y el Vino, donde se puede conocer la evolución de la viticultura y los métodos de elaboración. Después merece la pena pasear por el centro histórico, detenerse ante la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y descubrir la Fuente de la Mora, uno de los rincones más conocidos de la localidad. Cada año, durante la Fiesta de la Vendimia, esta fuente se convierte en protagonista de una celebración en la que el vino ocupa, como no podía ser de otra manera, un lugar destacado.

Pero para comprender Cariñena hay que salir también a sus alrededores. Los viñedos se extienden por un territorio de llanuras y suaves elevaciones, con la sierra de Algairén como referencia paisajística. Localidades como Aguarón, Paniza y Longares conservan una estrecha relación con el cultivo de la vid y permiten conocer una parte menos frecuentada de la comarca.

La Ruta del Vino Campo de Cariñena facilita el acercamiento a este mundo mediante visitas a bodegas, catas y propuestas gastronómicas. Algunas instalaciones permiten recorrer las zonas de elaboración y crianza, conocer las diferencias entre variedades y descubrir cómo han evolucionado los procedimientos tradicionales. Conviene reservar previamente, ya que las condiciones y horarios de visita varían según la bodega.

Quienes prefieran disfrutar de una cata sin preocuparse por conducir pueden consultar las salidas del Bus del Vino, una iniciativa que organiza excursiones desde Zaragoza y combina las visitas a bodegas con otros atractivos del territorio.

El Campo de Borja y la tierra de la garnacha

Dejando atrás Cariñena y tomando rumbo hacia el noroeste de la provincia, el paisaje vitivinícola adquiere otros matices. El Campo de Borja se extiende en un territorio marcado por la presencia del Moncayo, cuya influencia climática contribuye a definir las condiciones de cultivo de sus viñedos.

Aquí la gran protagonista es la garnacha, una variedad profundamente arraigada en la comarca. Sus cepas ocupan terrenos de características muy diversas, desde zonas relativamente llanas hasta parcelas situadas a mayor altitud, y algunas explotaciones conservan viñedos viejos que forman parte del patrimonio agrícola de la zona.

Borja puede ser el punto de partida de la escapada. Su casco histórico reúne iglesias, palacios y calles que recuerdan la importancia que tuvo la localidad durante siglos. Desde allí resulta sencillo acercarse a Ainzón, Magallón o Fuendejalón, tres municipios donde la actividad vitivinícola sigue teniendo un peso destacado.

La Ruta de la Garnacha propone diferentes maneras de conocer este territorio, con bodegas visitables, establecimientos gastronómicos y actividades relacionadas con el vino. Las visitas permiten descubrir cómo se trabaja la garnacha, qué importancia tienen la edad de las cepas y las características del suelo, y por qué una misma variedad puede ofrecer resultados diferentes según el lugar donde se cultive.

Para quien disfrute de la fotografía, los alrededores de los pueblos ofrecen además interesantes paisajes de viñedos, especialmente durante las últimas semanas del otoño. Las parcelas dibujan líneas sobre las laderas y, cuando el cielo está despejado, la silueta del Moncayo aparece al fondo de muchas panorámicas.

Veruela, una parada imprescindible

Claustro del Monasterio de Veruela
Claustro del Monasterio de Veruela

Una escapada por el Campo de Borja merece reservar unas horas para conocer el monasterio de Veruela, situado junto a Vera de Moncayo. Fundado en el siglo XII, es uno de los conjuntos cistercienses más importantes de Aragón y conserva una arquitectura monumental que permite recorrer buena parte de su historia.

El monasterio también mantiene una estrecha relación con la tradición vinícola del territorio. En sus dependencias se encuentra el Museo del Vino de la Denominación de Origen Campo de Borja, donde se explica la evolución del cultivo de la vid, las variedades utilizadas y los cambios experimentados por las bodegas a lo largo del tiempo.

La visita ofrece, además, la oportunidad de descubrir el claustro, la iglesia abacial y los distintos espacios del conjunto monástico. Su entorno, con el Moncayo muy próximo, permite prolongar la jornada hacia los pueblos de la zona o acercarse a Tarazona, una de las ciudades monumentales más interesantes de la provincia.

No es difícil entender por qué este lugar atrajo también a los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer, que pasaron una temporada en Veruela durante el siglo XIX. La estancia del poeta dio origen a sus conocidas Cartas desde mi celda, en las que dejó testimonio de sus impresiones sobre el monasterio y los paisajes de sus alrededores.

Dos escapadas para conocer otra Zaragoza

Aunque Cariñena y el Campo de Borja pueden visitarse en un mismo viaje de varios días, lo más recomendable es dedicar al menos una jornada a cada territorio. Las distancias entre las bodegas, los pueblos y los principales monumentos aconsejan seleccionar las visitas y reservar tiempo para disfrutar de ellas.

En Cariñena, una buena propuesta consiste en comenzar por la ciudad, visitar una bodega y continuar hacia alguno de los municipios próximos a la sierra de Algairén. En el Campo de Borja, la jornada puede repartirse entre una visita enológica, un paseo por Borja y el monasterio de Veruela. Si se dispone de un fin de semana completo, merece la pena pasar una noche en la zona y aprovechar para descubrir su gastronomía.

La primavera y el otoño son dos estaciones especialmente agradables para recorrer estos paisajes, aunque cada momento del año permite observar una fase distinta del trabajo en el viñedo. Durante la vendimia, entre finales de verano y comienzos de otoño, la actividad de las bodegas alcanza uno de sus momentos más intensos, por lo que resulta conveniente consultar con antelación las posibilidades de visita.

Cariñena y el Campo de Borja permiten conocer una provincia de Zaragoza en la que el vino sigue formando parte de la vida cotidiana de muchos pueblos. Acercarse a sus bodegas, recorrer sus viñedos y detenerse en su patrimonio es una buena forma de descubrirla, con tiempo suficiente para disfrutar también de lo que aparece por el camino.

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