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16 enero 2026

El arte de Chillida en Zaragoza hasta febrero

La Lonja de la plaza del Pilar de Zaragoza posiblemente sea la mejor y más imprescindible sala de exposiciones temporales de la ciudad, y lo es gracias a muestras como la del escultor Chillida que ocupa actualmente el interior del salón renacentista. De manera que este monumento del siglo XVI se ha convertido hasta el próximo 1 de febrero de 2026 en el hogar de uno de los mejores artistas del pasado siglo XX.

El título de la muestra es “Eduardo Chillida. Soñar el espacio”. Está organizada por la Fundación Ibercaja y su comisaria es Alicia Vallina, quién ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza y la Fundación Eduardo Chillida – Pilar Belzunce, además del propio Chillida Leku en Guipúzcoa.

Eduardo Chillida. Soñar el espacio (Foto de Armando Cerra)

En total, La Lonja alberga 120 obras del artista vasco entre esculturas de diversos tamaños y materiales, además de dibujos, collages de papel y obra gráfica de un valor inmenso teniendo en cuenta que para Chillida sus dibujos son mucho más que un prolegómeno o un simple boceto para cuelgo esculpir. Son obras autónomas en sí mismas. En realidad, son su modo de explorar la forma y el espacio, además de un recordatorio de la maestría innata con los lápices y tintas que poseía el creador vasco.

Eso es especialmente palpable en sus retratos, los cuales atesoran una carga de expresividad y una profundidad sorprendente para un artista que ha pasado a los libros de la Historia del Arte por sus formas abstractas. No obstante, muchos de sus dibujos y grabados también se centran en la geometría y la abstracción representada en dos dimensiones, tal y como luego será capaz de acometer en la tridimensionalidad de la escultura.

De hecho, la escultura es lo que ha convertido a Chillida en uno de los referentes mundiales del arte plástico del siglo XX, con una influencia que llega hasta nuestros días. Y hasta La Lonja zaragozana han viajado algunas piezas de su amplísimo repertorio. Obras moldeadas en yeso, labradas en madera, esculpidas en alabastro, forjadas en hierro o materializadas en hormigón armado, e incluso manipuladas rápidamente en tierra. Porque Chillida se atrevió con todo tipo de materiales.

Eduardo Chillida. Soñar el espacio (Foto de Armando Cerra)

Al igual que experimentó en formatos pequeños y colosales. A Zaragoza han viajado unas cuantas de esas obras de gran tamaño, de hasta dos metros de altura. Unas hechas en el carismático acero corten y otras en piedra. Pero independientemente del material, con ellas se hace realidad el título de la exposición “soñar el espacio”, ya que son creaciones capaces de plantear por sí solas un diálogo con el entorno que las rodea y por supuesto también con los espectadores que las contemplan.

En definitiva, las 120 obras que se pueden ver hasta febrero en La Lonja dan una visión muy amplia del trabajo que realizó durante décadas. Se descubre a un artista infatigable y en una búsqueda constante, siempre centrado en los conceptos de material, espacio y vacío. Eso le guiaba, mucho más allá que un estilo concreto, ya que el conjunto de sus obras es tan variado en formas que es difícil adscribirlo a una sola corriente creativa. Y aunque evolucionó y modificó mucho su arte con el paso del tiempo, posiblemente lo que más le identifica es que siempre tuvo como punto de partido el apego a su tierra. Eso se siente en la exposición, pero sin duda donde mejor se capta es en los lugares de su Guipúzcoa natal que disfrutan de obras suyas.

De todos esos sitios, posiblemente el más famoso de todos sea el extremo de la bahía de La Concha en San Sebastián donde su escultura Peine del Viento se enfrenta a diario a los embates del mar. Pero además de ese icónico emplazamiento hay otros dignos de visita. Uno es el Chillida Lantoki que ocupa una antigua fábrica para mostrar como el artista acudió hasta Legazpi para materializar sus obras más monumentales que luego han viajado para instalarse en plazas de medio mundo.

Chillida Leku (Foto de Mónica Grimal)

Si bien otras no se fueron tan lejos y están en el propio territorio guipuzcoano. En concreto en Chillida Leku, el caserío Zabalaga situado en Hernani que fue la vivienda y taller de la familia Chillida – Belzunce durante años. Y donde por cierto tanto Eduardo Chillida como su esposa Pilar Belzunce descansan en paz enterrados bajo un magnolio.

Chillida Leku es el gran santuario a la vida y obra de este artista. No solo porque ahí está sepultado el matrimonio, sino porque dentro del caserío y en toda la campa que lo rodea se encuentra la mejor colección posible de su arte. Ahí se guarda obra gráfica, dibujos, fotografías, obras de sus compañeros artistas. Y por supuesto muchas de sus esculturas de cualquier formato y material posible. Incluyendo las de tamaño colosal que se dispersan por la finca.

Chillida Leku (Foto de Mónica Grimal)

Este tipo de obras obviamente no han viajado a Zaragoza. Y seguramente, más allá del coste, no tendría demasiado sentido que lo hicieran, ya que como adquieren por completo su sentido es el espacio abierto y el paisaje natural vasco que les rodea. De manera que si hay alguien que le sabe a poco la exhibición de La Lonja, el complemento ideal es subirse al coche y viajar hasta Hernani para pasear por Chillida Leku y empaparse de su inspiradora atmósfera.

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