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3 diciembre 2022

Lucía Soriano: “En producir alimentos de calidad somos muy potentes y tenemos muchísimo que ofrecer a España y al mundo”

La directora del CITA repasa en una entrevista con Go Aragón los hitos y retos a los que se enfrenta esta institución de referencia internacional. A punto de cumplir 20 años, el centro ha aumentado en los últimos tiempos su participación en proyectos internacionales.

Lucía Soriano (Madrid, 1977) es, desde 2020, la directora gerente del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), una institución que este año cumple dos décadas bajo esa denominación, pero que realmente funde sus orígenes mucho más atrás, en la Granja Agrícola de Zaragoza, creada en 1881, y, posteriormente, en el Centro de Investigación y Desarrollo Agrario del Ebro, de 1964.

En una entrevista con Go Aragón, la responsable del CITA repasa la trayectoria de este centro y analiza los retos a los que se enfrenta el centro y la Comunidad en el plano de la agroalimentación.

¿Qué riqueza agroalimentaria posee Aragón?

Aragón, si juega bien la partida en primaria, en producción, creo que somos muy potentes, tenemos unos productos de la huerta bastante buenos. Pero también en ganadería contamos con un sector potente; no me refiero solo al porcino, que tengo mis reservas al respecto por cómo se está desarrollando en esta tierra, pero sí al ovino. En producción somos muy potentes, nos falta crecer y desarrollar mucho más toda la parte de comercialización y de tener producto final. Nos tenemos que desarrollar, crecer, ser más robustos cerrando toda la cadena de valor de los productos. En lo importante y lo difícil, que es producir alimentos de calidad somos muy potentes y tenemos muchísimo que ofrecer al resto de España y al mundo.

Es decir, Aragón sabe producir y tiene buen producto, pero le faltaría venderlo mejor…

Sí, creo que, además, hay similitudes en el plano cultural. No soy aragonesa, pero llevo mucho tiempo aquí, como 20 años, y ya me considero hija adoptiva. Ser de fuera, de alguna manera, te permite ver con distancia, y está el punto del complejo aragonés, que parece que no somos suficientemente buenos respecto a lo que nos rodea. Y creo que es justo lo contrario, hay que sacar pecho, hay que hacer no solamente un marketing vacío, que actualmente se hace mucho. Sino realmente hacerlo sabiendo y creyéndonos que tenemos productos muy buenos que pueden competir perfectamente en el mercado y fuera de nuestra Comunidad.

En el contexto actual, marcado por el cambio climático, ¿a qué retos se enfrenta la agroalimentación en este territorio?

Hay uno que, para mí, es claro. Es meterme en jardines, pero creo que son jardines que todos conocemos. Tenemos problemas ambientales de primer orden en Aragón, en Europa ya nos están tirando de las orejas con todo el tema de nitratos, principalmente, por el desarrollo y despliegue del sector porcino. Para mí, es el mayor reto, creo que eso es innegable. Creo que hay que poner soluciones porque, si no, los años que vienen realmente van a ser complicados. Para mí, en general, en Europa el mayor problema que hay es el tema de los nitratos. Creo que no es una cosa exclusiva de Aragón, pero, si miramos los mapas que produce la Agencia Europea de Medioambiente, que es neutra, no una campaña ecologista, en la escala de rojo ya estamos en rojo-morado-negro. Tenemos un problemón importantísimo que tenemos que afrontar de la mejor manera posible sin buscar tampoco muchos culpables, pero sí diciendo ‘hay que mirar al futuro, hay que poner solución a esto’.

Ya se han desarrollado algunas iniciativas, ¿quizás no son suficientes para abarcar todo el problema?

Claro. Creo que se pueden hacer iniciativas, técnicamente hay soluciones, lo que pasa es que el elefante en la sala es la cantidad. Por mucho que pongamos tecnologías, hay que poner también límites. Eso es lo que políticamente es más complicado y a nivel económico no es un proceso sencillo. Yo soy más partidaria del decrecimiento que del crecimiento. Sé que no está muy de moda y que a lo mejor es un poco raro escucharlo, pero creo que no todo vale y en esta tierra también vemos que hay otras alternativas para la ganadería. No todo tiene que ser eso, hay alternativas que no solo no tienen tanto impacto, sino que, además, ofrecen una serie de servicios ambientales que son profundamente necesarios a nivel mundial y, concretamente, en nuestra tierra. Me refiero a la ganadería extensiva, en la que este centro nosotros hacemos gala de tener un gran conocimiento. A nivel europeo, otros centros homólogos nos miran cuando quieren investigar en ganadería extensiva, nos invitan a participar. Aquí somos muy potentes en el conocimiento y el desarrollo de este tipo de ganadería tan importante en nuestra tierra. Tenemos fincas especiales, como la de La Garcipollera, que también es única en España. Creo que hay que saber utilizar al CITA y el conocimiento que tenemos para buscar esa diversificación en la agricultura y la ganadería.

De hecho, hace poco un estudio del CITA apuntaba al cada vez mayor reconocimiento de las razas de vacuno aragonesas, ¿no?

Claro. Pero es muy difícil hacer pedagogía, todos los temas son mucho más complejos de lo que nos gustaría para poder transmitirlos. Pero creo que hay que empezar a hacer cierta pedagogía y a complejizar los discursos. Cuando se habla de ganadería, que todo vaya en el mismo saco me parece un error, sinceramente. No es lo mismo una cosa que la otra. Ahí está lo que comentas, las razas, no solamente de vacuno, sino también de ovino, propias aragonesas, dan una carne de calidad a todos los niveles, en el nutricional, pero también producen una serie de servicios en prevención de incendios, en lucha contra la desertificación… tienen una serie de beneficios. Creo que hay que intentar hacer un discurso cada vez más complejo y que la sociedad está preparada para esto. Desde el CITA generamos conocimiento y tenemos que apostar por eso, por transmitir un conocimiento veraz para que le gente esté informada. Y, en ese sentido, en la ganadería hay que cambiar, complejizar. No es lo mismo una fábrica de cerdos intensiva que las vacas que están pastando en el Pirineo. Son dos cosas totalmente diferentes. Nadie va en contra de nada, simplemente, no es lo mismo una cosa que la otra y unos tipos de producción generan unos impactos mayores que otros.

En la producción, veo muy importante, de cara al ciudadano medio, que empecemos a fijarnos de dónde viene cada cosa que comemos. Somos lo que comemos, es importantísima la alimentación, sostiene nuestras vidas. Debemos ser capaces de entender cuál es el sistema de producción y qué hay detrás de cada producto que consumimos. Y, como clientes, estamos en un sistema capitalista, tenemos que utilizar esa herramienta para construir un mundo mejor. No se trata de hacerlo de arriba abajo, sino de que cada uno, de manera libre, se informe de qué está consumiendo y opte por una cosa u otra en función del sistema de producción.

Y Aragón, por razas y terreno, ¿tiene potencial en ese posible escenario de producir una alimentación más sostenible y saludable?

Yo creo que esa, de hecho, es nuestra baza, debería ser nuestra baza. Sabemos que la agricultura es un eje importante de vertebración del territorio, también tengo que decir que no considero que sea el único, que a veces, cuando se habla de agricultura, parece que es la única forma de sostener el territorio. Hay más formas que son igualmente válidas. Pero lo cierto es que España ahora mismo está vertebrada así y Aragón, también. La agricultura sostiene gran parte del territorio y creo que en primario somos buenos y que podemos hacer esos cambios, que ya hay muchos productos de calidad que se están haciendo, se está trabajando en esa línea y ahí tenemos que seguir avanzando, porque es nuestra baza para hacer productos diferenciados.

Hay estudios de consumo llevados desde el CITA que apuntan hacia ahí, los consumidores cada vez buscan más productos de cercanía, de calidad, cada vez estamos más dispuestos a pagar más por alimentarnos mejor. No es una cuestión de elitismos, de que solo la élite vaya a poder consumir productos de calidad. Tenemos que democratizar la calidad, no puede ser que la gente con dinero coma bien y el resto comamos lo que nos den barato. Hay que trabajar para que todo el mundo pueda comer productos de calidad. Ahí va el futuro de la alimentación y creo que se ve en la gente joven.

Lucía Soriano, en las instalaciones del CITA. FOTO: Marcos Díaz.
Lucía Soriano, en las instalaciones del CITA. FOTO: Marcos Díaz.

Hace poco se reunió el consejo rector del CITA, ¿qué balance hace de este encuentro?

Para mí, era un cierre de ciclo. Nos movemos en ciclos electorales, de cuatro años, y, para mí, era el último consejo rector. Si vienen más, será porque sigo aquí y estaré muy contenta de seguir, pero eso nunca está garantizado. El objetivo de este consejo rector era hacer una evaluación, de rendir cuentas de lo hecho el último año. Yo soy ingeniera y eso lo llevo un poco en el ADN, me gustan las cifras. Entonces, hicimos un ejercicio con un sistema de indicadores que habíamos diseñado desde el comité de calidad para comparar cómo íbamos en el centro en relación con cómo lo habíamos cogido en 2020. La verdad es que me sorprendió mucho, muy positivamente, porque creo que dejamos un centro mejor de lo que cogimos. Por supuesto, todo tiene mejora. Creo que no nos ha dado tiempo de terminar de rematar, aunque todos los trabajos están lanzados y en la buena dirección.

En la parte de oferta tecnológica me gustaría que, hoy, tuviéramos un poco más de orden y de ser capaces de comercializar más los servicios que podemos ofrecer desde el CITA, y en eso estamos trabajando. Pero, en general, el balance es muy positivo. Nos han dado la enhorabuena a todas las partes, hemos salido súper satisfechos y ahora estamos un poco agotados. Hemos hecho mucha fuerza para que esto vaya a mejor, ves las cifras que te dan la razón y te da una satisfacción muy grande. Hemos sido capaces de trabajar en equipo y creo que ha sido lo más importante que hemos hecho. Hemos conseguido ilusionar y que, de alguna manera, la gente se alinee y vaya en una dirección, porque si no, la dirección puede hacer lo que sea pero, si no consigues que la gente te siga, solo no vas a ningún lado.

Por cierto, que el CITA cumple este año dos décadas, ¿qué tal sientan estos primeros 20 años?

Me da mucha satisfacción que siga cumpliendo años este centro. Es un campus histórico, tiene muchísimo detrás. Hemos intentado que se nos vea, que se celebre este XX aniversario, estamos sobreinformados y es muy difícil buscar espacios en los que se te dé visibilidad, pero creo que el CITA es un centro consolidado. En el sector se nos conoce mucho, fuera algo también; me refiero a que en la sociedad algo saben. Creo que tenemos una buena proyección y que seguimos celebrando con bastante orgullo. A mí me sobrecoge un poco, es un centro con mucha historia, son 20 años desde que es CITA, pero esto lleva más de un siglo existiendo. Cuando asumes un cargo como el mío, en una entidad tan potente, te da un poco de miedete. Pero creo que lo estamos haciendo bien y que la gente está muy orgullosa de pertenecer a un centro como este.

Aquí en Aula Dei está el CITA, pero también hay otros centros como el Centro Internacional de Estudios Agronómicos Mediterráneos Avanzados (CIHEAM), ¿qué sinergias hay entre ellos?

Está el CIHEAM y no puedo no nombrar a los otros tres institutos del CSIC que están también aquí; se acaba de incorporar también el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), la estación experimental de Aula Dei y el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE). Tenemos estos tres institutos de investigación del CSIC, más el CIHEAM, que está especializado más en formación. Y algunas entidades del Gobierno de Aragón que también conviven dentro del campus con nosotros, pero que son más servicios técnicos en agroalimentación. Cuando me incorporé, dije ‘este campus es bestial, tiene muchísimo potencial’. Tiene algo que envidiar, pero no tanto, a Wageningen, el campus agroalimentario por excelencia en Europa, que está en Holanda. Deberíamos saber vender mejor este campus, proyectarlo mejor, porque es único. Como directora de la entidad más grande del campus, decidí ponerme a liderar.

Estamos coordinados, tenemos un comité de coordinación de todos los directores de los centros. Tenemos muy buena relación entre las direcciones pero, además, hay muy buena relación entre el personal. Al final, te tomas el café en la misma cafetería, convives, vas a proyectos conjuntos… y en este comité de coordinación estamos trabajando en dos líneas principales, una, en mejorar la comunicación externa del centro; tenemos que ser capaces de tener un catálogo común de servicios, proyectar una imagen común y reforzar la colaboración, no la competencia. Y, luego, incrementar la transversalidad de los proyectos, que cada vez haya más proyectos conjuntos de investigación y de formación. Queremos lanzar espacios informales de encuentro. Estamos intentando rozarnos más, promover espacios informales de encuentro que permitan que las personas nos conozcamos y que trabajemos juntos.

En junio se supo que nueve investigadoras del CITA están en el ranking del CSIC de 5.000 científicas españolas destacadas…

Sí, creo que aportamos bastante. Creo de verdad que hay bastante nivel. En el CITA tenemos gente muy destacada. Es un centro muy potente. En producción animal estamos en la Federación Europea de Ciencia Animal (EAAP) y la presidimos con Isabel Casasús desde el CITA. En Sudáfrica se están comiendo almendras del CITA, aragonesas. En desarrollo de frutales adaptados al cambio climático se nos mira. Tenemos un montón de espacios en los que somos punteros. Nos tenemos que poner las pilas, como centro de investigación, tenemos que ir a Europa. Yo estoy muy contenta, porque cogí el centro con nueve proyectos internacionales y lo voy a dejar con 19. Hemos avanzado un montón, pero tenemos que seguir. Porque podemos decir que tenemos investigadores muy buenos y que somos muy guais, pero eso se ve cuando te vas a una convocatoria competitiva a nivel europeo y la ganas. Hay que demostrar ahí y nosotros lo estamos demostrando. Tenemos que seguir yendo a esas convocatorias competitivas al máximo nivel y demostrar que somos capaces de sacar proyectos, como lo estamos haciendo.

¿Y cuáles serían los principales retos a los que se enfrenta el CITA en su futuro más inmediato?

Para mí hay uno claro, que es la inversión en infraestructuras. No puedes tener un centro de excelencia con cero euros para inversión en infraestructuras. Otras comunidades autónomas dedican 1-2 millones de euros, nosotros tenemos 190.000 al año. Eso no puede ser. El CITA debe tener una financiación estable de inversión en infraestructuras. Si no, lo tendremos bastante complicado por mucho que nos estemos moviendo para ir a todas las convocatorias y proyectos.

Otro reto es, unido a la financiación, la estabilización de personal. Me parece una gran noticia que el CITA, gracias a las leyes que se han ido aprobando, haya reducido la temporalidad una barbaridad. Casi el 50 % de las plazas que había temporales cuando yo me incorporé han pasado a ser fijas. Eso es una barbaridad y un hito histórico del centro, pero no se financian esas plazas por parte del Gobierno de Aragón, nos las tenemos que financiar nosotros. Estamos obligados por ley, y encantados de que la ley nos obligue, a reducir la temporalidad y a promover la fijeza de las plazas. Y estoy encantada de que eso sea así, pero no pueden dejar al centro solo asumiendo esos cortes porque, entonces, nos vamos a hundir. Es un reto importantísimo para el CITA.

La investigación tiene que seguir apuntando a Europa, ahí está claro, lo hemos dicho desde el principio: internacionalización, no nos queda otra, ahí hay que estar y ya lo estamos haciendo. Y, en oferta tecnológica, tenemos que mejorar. Estamos poniendo las bases para conocer bien qué podemos ofrecer, todos los servicios laboratoriales, tenemos todo más o menos internamente cerrado y ahora tenemos que hacer un catálogo de oferta tecnológica actualizado y comercializar. Tenemos que aumentar los fondos que recibimos por nuestra actividad en la prestación de servicios.

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