Hablar de menopausia no es hablar de “sofocos”, o al menos no únicamente. En Mujeres de hierro, la Dra. Marián García, Boticaria García en Instagram, y el Dr. Javier Butragueño se proponen ampliar el foco y sobre todo traducir la ciencia a la vida cotidiana. Lo hacen con humor, con gráficos, ejercicios bautizados como Mazinger Z o “el pis del perrete”. La columna que vertebra todo el libro es la importancia de entender qué ocurre en el cuerpo femenino como primer paso para tomar el control y actuar sobre él.
Una de las cosas que más llama la atención de Mujeres de hierro es su accesibilidad. Y accesibilidad desde todos los puntos de vista, el lenguaje cercano y alejado del academicismo, el formato e incluso las soluciones que proponéis y el método que bautizáis Tris Tras. ¿Hay una voluntad consciente desde el inicio de que no solo se entendiera sino que se usara?
Boticaria García. Sí. Queríamos que tanto el contenido como el formato estuvieran adaptados a lo que necesita una mujer en 2026. Todos tenemos muy poco tiempo, así que, además de ofrecer información, queríamos incluir fichas, gráficos y resúmenes que permitieran fijar rápidamente las ideas principales.
Una de las primeras decisiones fue organizarlo como un abecedario. Cuando empiezas un libro y te encuentras un capítulo de cincuenta páginas puedes pensar que es inabarcable. Aquí puedes ir directamente a lo que te preocupa. Si son los complementos nutricionales, a la C; si es la libido, a la L. Evidentemente recomendamos leerlo entero, pero la filosofía es la misma que aplicamos al ejercicio, quizá lo ideal sería entrenar media hora, pero si hoy puedes hacer quince o veinte minutos, hazlos. Ya habrá tiempo para más.
Y estamos viendo que esa estructura funciona. Una de las cosas que más nos dicen las lectoras es que el libro es ágil y fácil de consultar. Pero quizá lo más bonito es que unas mujeres se lo están recomendando a otras. Cuando algo te hace click y te ayuda a entender qué te ocurre, quieres compartirlo.
De hecho, hay una idea que atraviesa todo el libro y que me parece fundamental y es que “la motivación no nace de una frase intensa de Instagram, sino de la información”. Afirmáis que entender lo que está pasando en tu cuerpo es el primer paso para poder tomar el control.
Boticaria García. Totalmente. Las redes sociales son estupendas para despertar curiosidad, pero en quince segundos o en un minuto no puedes explicar lo que está ocurriendo en el cuerpo de una mujer. Y entenderlo cambia muchas cosas. Hay mujeres que se sienten irritables, deprimidas o decaídas y que han acudido al médico pensando que tienen un problema exclusivamente psicológico. A veces puede haber también un componente hormonal que hay que valorar. La cuestión no es sustituir al psicólogo por el ginecólogo, sino ampliar la mirada y entender qué está ocurriendo.
La información también ayuda a desmontar esa idea de que todo tiene que ver simplemente con hacerse mayor. Cuando sabes qué ocurre puedes tomar decisiones y empezar a cuidarte antes. Por eso el libro no está pensado únicamente para mujeres que ya están en menopausia, también queremos llegar a las de treinta y tantos o cuarenta años.
Ahí está uno de los grandes retos. ¿Cómo convences a una mujer de 30 o 35 años, que se siente perfectamente, de que tiene que empezar a pensar en algo que históricamente hemos asociado a una etapa mucho más tardía de la vida?
Javier Butragueño. Es difícil hablar de prevención cuando alguien se encuentra bien. Pero las estrategias que proponemos, es decir los entrenamiento de fuerza, la alimentación, el descanso… generan beneficios tengas la edad que tengas. Lo importante es que exista la información. Aunque una mujer no haga prevención desde los 30, cuando aparezca un síntoma sabrá que existen herramientas y sabrá dónde buscar.
Boticaria García. Y hay otra vía muy poderosa, que es el ejemplo. Yo tengo una hija de catorce años y sé que decirle lo que tiene que hacer probablemente sirve de poco. Pero crecer en un entorno donde ve determinados hábitos sí tiene un efecto. Estamos viendo mujeres que entrenan con sus hijas, con sus madres o con sus parejas. Hay madres de setenta u ochenta años que se han incorporado al ejercicio porque entrenan acompañadas. Esa transmisión es probablemente una de las mejores maneras de conseguir que los hábitos perduren.
Habláis muchísimo del entrenamiento de fuerza, pero todavía puede intimidar a una mujer que nunca ha practicado ejercicio de fuerza. ¿Cuál sería el mínimo imprescindible para alguien que parte completamente de cero?
Javier Butragueño. Dos días a la semana, quince o veinte minutos, ya pueden producir mejoras en una persona que no entrena habitualmente. Y se puede empezar en casa, en un metro cuadrado, con ejercicios muy sencillos. Nosotros hemos planteado distintos niveles precisamente porque hay mujeres que parten de situaciones muy diferentes. Algunas tienen problemas de suelo pélvico, pérdidas de orina o simplemente miedo a entrenar. Empiezan con ejercicios básicos, aprenden la técnica y van progresando. Cuando después llegan a un gimnasio ya reconocen muchos movimientos y dejan de sentirse fuera de lugar. El músculo necesita estímulo. Con la edad y con la disminución de los estrógenos se producen cambios y el entrenamiento de fuerza es una herramienta fundamental para preservar la masa muscular y la salud ósea.
Boticaria García. Y si ni siquiera estás preparada para esos quince minutos, empieza subiendo escaleras. Si puedes, súbelas de dos en dos. Si puedes acelerar un tramo, hazlo. La accesibilidad consiste también en entender que siempre hay un escalón anterior. Por eso hemos renombrado muchos ejercicios. En lugar de utilizar términos que mucha gente no conoce, hablamos de Mazinger Z o del pis del perrete. Puede parecer una tontería, pero si recuerdas el nombre y entiendes el movimiento es mucho más fácil incorporarlo.
Javier Butragueño. Y para mí hay un dato todavía más importante, que haya personas que llevan dos años entrenando. Ese es el gran éxito. El problema del ejercicio no suele ser empezar, sino mantenerlo. Muchas mujeres continúan porque empiezan a notar beneficios que no tienen que ver con la estética. Tienen menos dolor, se encuentran mejor, tienen más energía. El músculo, cuando trabaja, libera moléculas con efectos en distintos sistemas del organismo.
Boticaria García. Por eso solemos decir, provocando un poco, que quizá necesitamos menos sudokus y más sentadillas. Hacer además el ejercicio acompañada ayuda muchísimo. Nos gusta decir que las “superkinas” (moléculas liberadas durante la práctica deportiva) en compañía cuentan doble. Fisiológicamente no cuentan doble, claro, pero es mucho más probable que repitas una actividad si has quedado con una amiga, si entrenas con tu pareja o si formas parte de una comunidad.
A tí te hemos visto en lugares insospechados practicando…
Boticaria García. Sí, insospechados (risa).
Javier Butragueño. Era súper importante tener a alguien en quien te reflejes, es decir, tiene que haber alguien que no sea el típico entrenador súper fuerte que hace los ejercicios súper bien. Porque la realidad es que las personas a las que nos dirigimos son gente que no ha entrenado nunca. Los vídeos son muy interesantes porque yo voy corrigiendo en función de una persona que acaba de empezar.
Boticaria García. Eso ha sido la clave, la gente ve que cuando yo estoy haciendo una plancha y se me cae el culete, Javi dice “Marián, levanta el culo”.
Javier Butragueño. Entonces muchas veces nos dicen, “parece que me estás corrigiendo a mí”.
Hay un mito muy instalado cuando hablamos de menopausia y son los famosos “sofocos”. ¿Qué estamos dejando fuera cuando reducimos la menopausia a los sofocos?
Javier Butragueño. Muchísimas cosas. Los sofocos pueden ser muy intensos y alterar mucho la vida de quien los sufre, pero en los datos que estamos recogiendo no son el síntoma con mayor prevalencia. Aparecen con mucha fuerza el cansancio, la falta de energía, la ansiedad, los problemas de memoria o determinados dolores. Hay además cuestiones de las que se habla todavía menos, como el síndrome genitourinario o la falta de apetito sexual asociado a la menopausia. Como es un tema tabú parece que no se pueden hablar y se va escondiendo, pero es un síntoma con una severidad súper alta en muchas mujeres. Hay mujeres que llegan al médico porque les duele el hombro, la espalda o las piernas y las pruebas aparentemente están bien. Hay mecanismos relacionados con los cambios hormonales, la inflamación y la percepción del dolor que tenemos que entender mucho mejor.
Boticaria García. Seguimos teniendo un enorme tabú con todo lo relacionado con la vagina, el suelo pélvico, las pérdidas de orina, el dolor en las relaciones o la disminución del deseo sexual. Son problemas frecuentes y pueden afectar muchísimo a la calidad de vida, pero cuesta hablar de ellos.
En el libro hemos querido dedicarles espacio precisamente por eso. Si algo le pasa a muchas mujeres y además condiciona su vida, no puede seguir escondido porque nos dé pudor nombrarlo. A lo mejor tenemos que hablar un poquito menos de sofocos y hablar más de otros síntomas, sin infravalorar la gravedad del síntoma y cómo algeran la vida de la gente; pero hay una cosa que es importante saber y es que los sofocos tienen un tratamiento muy eficaz, que es la terapia hormonal de la menopausia, le dedicamos la letra T en el libro.
Precisamente alrededor de Mujeres de hierro está creciendo algo que va mucho más allá del libro; una comunidad, una la cátedra “Cuerpos serranos” con la Universidad de Granada y lideráis uno de los más grandes estudios sobre salud femenina, habéis impulsado una investigación en la que ya han participado 143.000 mujeres. ¿Qué estáis descubriendo?
Javier Butragueño. Nosotros siempre hemos apostado por la investigación, los dos somos doctores, y consideramos que es fundamental que todo esto se publique y luego contarlo. Lo que ocurrió fue que las propias mujeres empezaron a compartir el estudio y acabamos llegando a 143.000. Eso también dice algo, hay muchísimas mujeres diciendo: “Quiero que me estudien, quiero contar lo que me pasa”. Las mujeres quieren que se investigue sobre ellas.
Quizá una de las conclusiones preliminares que más nos está llamando la atención es que muchos síntomas se intensifican en la perimenopausia, antes de lo que tradicionalmente identificamos como menopausia. Ansiedad, niebla mental, cambios en la piel, problemas de memoria, cansancio o disminución del deseo pueden aparecer con fuerza entre los cuarenta y los cuarenta y cinco años. Y, sin embargo, muchas veces el foco sanitario llega después, cuando han transcurrido doce meses sin menstruación o aparecen síntomas muy visibles como los sofocos. Si llevas cinco años encontrándote mal antes de que alguien empiece a mirar lo que te ocurre, estamos llegando tarde.
Boticaria García. Ese es uno de los grandes cambios de paradigma. Tenemos que dejar de pensar que todo empieza a los cincuenta. Y también necesitamos recursos para investigar. Nosotros podemos movilizar a una comunidad enorme, pero después esos datos hay que analizarlos, publicarlos y convertirlos en conocimiento. Por eso hemos impulsado también la colaboración con la Universidad y una cátedra. La voluntad de las mujeres está ahí; ahora necesitamos que la investigación pueda acompañarla.
En todo este camino que lleváis recorrido, investigando, entrenando, escribiendo juntos… ¿hay algún aspecto en el que no estéis de acuerdo? ¿chocáis?
Boticaria García. ¿Nosotros? Los nombres (risa)
Javier Butragueño. La realidad es que yo vengo del mundo académico, entonces llevarlo a tierra ha sido para mi a veces complejo para mí. Yo ponía una gráfica y Marián me miraba y decía: «¿Cómo te lo explico? Esto no lo va a entender nadie». Y tiene razón. Y luego ser flexible, a ti te enseñan unos nombres concretos y Marián los ha cambiado todos. Yo tengo asumidos unos términos concretos y de repente ella decide que uno se llama “el pis del perrete” y digo, este no sé que ejercicio es.
Boticaria García. En concreto ese sí porque es muy fácil… Y el Mazinger Z se entiende perfectamente.
Javier Butragueño. El Mazinger Z sí (ríe).
Boticaria García. Yo Es verdad que cuando hemos tenido algún conflicto siempre he empatizado mucho con Javi, él me mira como miro yo a mis jefes de la tele o de la radio o el periódico cuando les dicho que quiero hablar de un tema y me dicen que tengo que salir disfrazada. Yo también he querido poner gráficas que no me han dejado. Yo me tengo que poner en ese papel de vamos a rebajar, siempre hay muchos niveles y muchas capas de divulgación. Digamos que buscamos siempre ese equilibrio y luego yo muchas veces le digo “te lo dije” y él también me dice “te lo dije, ¿ves como al final lo han entendido?”.
Dedicáis también espacio, la letra O en concreto, a los nuevos fármacos para adelgazar, alrededor de los cuales hay muchísimo ruido. ¿Estamos ante un cambio de paradigma?
Boticaria García. Yo soy farmaceútica hace veinte años y no he visto ningún fármaco con la capacidad de cambiar la vida de las personas en tantos aspectos como estos fármacos, o sea que sí estamos ante un cambio de paradigma. Y el gran problema es que no se está haciendo una buena comunicación sobre los fármacos principalmente ensombrecida por el estigma que hay sobre la obesidad. Hay un muy mal uso del fármaco pero eso no significa que el fármaco no sea un avance maravilloso. Nuestro trabajo está en explicar cómo se usa.
Javier Butragueño. Hay que aprovechar la ventana de oportunidad que abre el tratamiento. En personas con obesidad pueden existir alteraciones en los mecanismos de hambre y saciedad, si conseguimos reducir ese ruido constante alrededor de la comida, podemos trabajar mejor otros hábitos. Pero si alguien pierde peso rápidamente sin entrenar y pierde también masa muscular, estamos generando otro problema a largo plazo. El mensaje vuelve a ser el mismo, no existe una única herramienta, hay que combinar estrategias.
Boticaria García. El fármaco es mu bueno pero tiene riesgo si se divulga y se comunica de mala manera. Hay que quitar el estigma de que es un fármaco “para vagos”. A mí me gusta compararlo con los ansiolíticos, son una herramienta maravillosa. Yo tuve un accidente y estaba hecha un flan y llegué al hospital y me dieron un lexatín y pude hablar y contar lo que me había pasado. En ese momento fue fantástico, pude dormir esa noche pero si yo tomo el lexatín todos los días porque duermo mejor sin tener hábitos, eso es un problema.
Estamos viendo personas que no controla la saciedad, esas personas lo van a tener que tomar de por vida porque su cuerpo no es capaz de regularla. Se veía mucha gente que no podía parar de comer y se le decía “qué glotón”. El tema es que no tiene las hormonas suficientes para controlar la saciedad. Toda la vida nos han dicho que quien está gordo es porque quiere y por falta de voluntad. Lo que pasa es que la estética lo cambia todo. El colesterol, la tensión, la tiroides no están vinculados a la estética y no se genera un estigma sobre el fármaco pero a la persona con obesidad se le exige casi que se torture.
Para terminar, si tuvierais que conseguir que una mujer se quedara con una sola idea después de leer Mujeres de hierro, ¿cuál sería?
Boticaria García. Hay una frase que utilizamos mucho: una mujer en menopausia o perimenopausia no está en decadencia, está en construcción. Y una mujer en construcción es peligrosísima. Cuando entiendes lo que te ocurre, recuperas energía, ganas fuerza y descubres que tienes herramientas, eres capaz de tomar decisiones que quizá tres meses antes no habrías tomado.
Así que el mensaje sería ese: no estás sola, no estás en decadencia. Estás en construcción y hay herramientas que pueden ayudarte.
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Quizá ahí esté la idea que mejor resume Mujeres de hierro. Frente a una etapa de la vida que durante décadas se ha vivido entre el silencio, la resignación o “será la edad”, Marían y Javi proponen algo aparentemente sencillo: saber qué está pasando para poder decidir qué hacer con ello. Y es que entender qué esta pasando no lo soluciona todo pero sí cambia radicalmente el lugar desde el que podemos empezar a cambiar la situación.