El Sector Público Nacional argentino cerró julio con un superávit primario de 2,96 billones de pesos y un resultado financiero positivo de 244.897 millones. El equilibrio de las cuentas públicas continúa siendo uno de los principales resultados del programa económico de Javier Milei, aunque la evolución de los ingresos, la inflación y la actividad muestran un escenario con más matices.
Argentina volvió al superávit fiscal en julio después del déficit registrado un mes antes. El Sector Público Nacional obtuvo un resultado primario positivo de 2,96 billones de pesos y, después del pago de intereses de la deuda, mantuvo un superávit financiero de 244.897 millones, según los datos publicados por el Ministerio de Economía.
La comparación interanual muestra una mejora significativa. En julio de 2025 el superávit primario había sido de aproximadamente 1,75 billones de pesos, por lo que el resultado de este año supone un incremento nominal cercano al 69%. El balance financiero también cambia de signo: hace un año había terminado con un déficit de 168.515 millones de pesos después del pago de intereses.
El resultado permite al Gobierno de Javier Milei mantener uno de los pilares sobre los que ha construido su programa económico desde que llegó a la presidencia a finales de 2023: evitar que el Estado gaste de forma sistemática más de lo que ingresa y eliminar la necesidad de financiar el déficit mediante emisión monetaria.
Siete meses con las cuentas en positivo
El comportamiento de julio también compensa parcialmente el resultado de junio, cuando el Sector Público Nacional registró un déficit primario de 696.843 millones de pesos y un déficit financiero superior al billón. El Gobierno explicó entonces ese deterioro mensual por el aplazamiento hasta julio de determinados pagos del impuesto a las Ganancias y por el incremento estacional del gasto asociado al abono del aguinaldo a jubilados y pensionistas.
La perspectiva acumulada ofrece por ello una imagen más representativa que cualquier mes aislado. Durante los siete primeros meses de 2026, Argentina registra un superávit primario equivalente aproximadamente al 0,9% del PIB y un superávit financiero cercano al 0,1%. El segundo indicador es especialmente relevante porque incorpora los intereses de la deuda y permite observar si el Estado mantiene el equilibrio una vez atendidas esas obligaciones.
La disciplina fiscal ha supuesto un cambio importante respecto a la trayectoria anterior de las cuentas públicas argentinas. En 2024, primer ejercicio completo de Milei, el país consiguió cerrar con superávit financiero anual por primera vez desde 2010. En 2025 volvió a terminar con resultado financiero positivo y el Presupuesto de 2026 establece expresamente que el ejercicio debe ejecutarse con equilibrio o superávit.
El equilibrio fiscal tiene costes y matices
La evolución de las cuentas públicas no permite, sin embargo, concluir por sí sola que todos los problemas de la economía argentina estén resueltos. El ajuste necesario para reducir el déficit ha afectado a distintas partidas de gasto público, mientras que la evolución de los ingresos fiscales depende también del nivel de actividad económica y de decisiones tributarias adoptadas por el Gobierno.
En julio, además, el resultado financiero estuvo apoyado por ingresos procedentes de rentas de la propiedad de organismos públicos. Algunos análisis de la ejecución presupuestaria señalan que, excluyendo determinadas partidas de este tipo, el resultado mensual habría sido menos favorable. Esta circunstancia no invalida el dato fiscal oficial, pero sí aconseja analizar su composición además del saldo final.
La evolución reciente muestra también que el equilibrio mensual puede oscilar de forma considerable. Junio terminó con déficit y julio volvió al superávit, en parte porque algunos ingresos tributarios que habitualmente se contabilizaban en junio se desplazaron al mes siguiente.
Por ello, el principal indicador para evaluar la estrategia fiscal será la capacidad de mantener el equilibrio durante el conjunto del ejercicio y no el resultado de un mes determinado.
La inflación continúa siendo otro de los desafíos
El ajuste fiscal ha coincidido con una reducción considerable de la inflación respecto a los niveles que Argentina registraba cuando Milei llegó al Gobierno. Sin embargo, el proceso de desinflación ha perdido velocidad.
En julio de 2026, los precios aumentaron un 2,1% mensual y la inflación interanual se situó en el 33,8%. Son cifras muy inferiores a las registradas durante la crisis inflacionaria de 2023 y 2024, pero muestran que alcanzar tasas próximas a las de otras economías de la región requerirá todavía tiempo.
La evolución de los precios resulta especialmente relevante porque condiciona el poder adquisitivo de los hogares, los tipos de interés, el crédito y las decisiones de inversión. También influye sobre las propias cuentas públicas, ya que comparar importes nominales en pesos entre diferentes años puede ofrecer una imagen distorsionada en una economía que continúa registrando una inflación elevada.
Por esta razón, el crecimiento nominal del 69% del superávit primario respecto a julio de 2025 no debe interpretarse directamente como una mejora equivalente en términos reales.
Del ajuste a una economía capaz de crecer
La siguiente fase del programa económico argentino plantea un desafío diferente al de los primeros meses de Milei. Conseguir equilibrio fiscal era una condición central para estabilizar una economía que acumulaba inflación, déficit y dificultades de financiación. Mantenerlo mientras se recuperan la inversión, el consumo y el empleo es una tarea distinta.
Los análisis económicos disponibles ofrecen una imagen mixta. Argentina ha mejorado sus cuentas fiscales y ha reducido sustancialmente la inflación respecto a los máximos anteriores, mientras que las exportaciones están contribuyendo a sostener la actividad. Al mismo tiempo, algunos indicadores muestran una recuperación desigual y una economía real que todavía no avanza con la misma solidez que las variables financieras.
El Fondo Monetario Internacional respaldó en mayo la continuidad del programa al aprobar un nuevo desembolso de 1.000 millones de dólares dentro del acuerdo de 20.000 millones firmado con Argentina. El organismo destacó los avances fiscales y las reformas aprobadas, aunque también señaló incumplimientos en determinados objetivos relacionados con las reservas internacionales.
A más de dos años y medio de la llegada de Milei a la Casa Rosada, las cuentas públicas muestran uno de los cambios más claros de la economía argentina. El resultado de julio confirma que el Gobierno sigue priorizando el equilibrio fiscal, pero la sostenibilidad del programa se medirá en un terreno más amplio: mantener unas cuentas públicas saneadas al mismo tiempo que disminuye la inflación y la mejora macroeconómica alcanza de forma más estable a la actividad, la inversión y los hogares.



















