Un estudio de la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad constata la elevada valoración que hacen los universitarios de sus prácticas en el medio rural. La experiencia, sin embargo, no basta para fijar población si no va acompañada de oportunidades laborales, vivienda, conectividad y servicios.
Acercar universitarios al medio rural funciona. Conseguir que después decidan quedarse resulta bastante más complicado. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio elaborado por la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza, que ha analizado diferentes programas de prácticas universitarias desarrollados en pequeños municipios y la percepción que dejan tanto entre los estudiantes como entre las entidades que los reciben.
Los resultados muestran una valoración muy elevada de la experiencia. Los universitarios la puntúan con una media de 8,98 sobre 10 y las entidades participantes elevan la nota hasta el 9,30. Entre los aspectos mejor considerados por los estudiantes aparecen la acogida recibida, con un 9,12, y los vínculos personales y profesionales creados durante su estancia, con un 8,95. Los propios municipios rurales alcanzan además una valoración de 8,02 como lugares atractivos para vivir.
La buena experiencia, sin embargo, no garantiza el arraigo. El informe identifica una distancia importante entre la percepción positiva que los jóvenes se llevan del territorio y las condiciones que encuentran para desarrollar allí posteriormente su proyecto profesional y personal. Las oportunidades laborales reciben una puntuación de 6,74 y las principales carencias aparecen en cuestiones como el acceso a internet, los servicios, la vivienda, los comercios, las infraestructuras o la posibilidad de relacionarse con personas de edades similares.
El estudio se ha elaborado a partir de 700 respuestas de estudiantes y 540 de entidades participantes en diferentes programas, entre ellos Desafío, Arraigo, Campus Rural, UCLM Rural, Odisseu, Raíces/Sustraiak, Talent Rural e Impuls Rural. Aunque presta especial atención a las experiencias desarrolladas desde la Universidad de Zaragoza, el análisis permite observar un fenómeno que se repite en diferentes territorios: las prácticas sirven para romper prejuicios sobre la vida en los pueblos y descubrir oportunidades desconocidas, pero tienen una capacidad limitada para transformar ese contacto inicial en residencia permanente.
La distancia entre querer quedarse y poder contratar
Uno de los datos más significativos aparece cuando se comparan las expectativas de los universitarios con las posibilidades de las organizaciones que los reciben. El interés de los estudiantes por continuar trabajando en la entidad donde han realizado sus prácticas alcanza una valoración de 7,20 sobre 10. La disposición de esas mismas entidades a ofrecer posteriormente un contrato temporal baja hasta 6,02 y cae a 5,11 cuando se pregunta por un empleo permanente.
Detrás de esa diferencia no existe necesariamente una falta de interés por retener a los jóvenes. Una parte importante de las prácticas se realiza en ayuntamientos, grupos LEADER, centros de salud y otras organizaciones públicas o vinculadas al territorio que tienen dificultades administrativas o presupuestarias para incorporar nuevos trabajadores. A ello se suma un tejido empresarial que en muchos municipios tiene menor dimensión y capacidad financiera para generar puestos cualificados estables.
El problema resulta especialmente relevante porque afecta a dos necesidades que aparentemente deberían complementarse. Muchos territorios rurales tienen dificultades para encontrar determinados perfiles profesionales, mientras que numerosos universitarios desconocen las posibilidades laborales existentes fuera de las ciudades. Los programas de prácticas pueden poner en contacto ambas partes, pero ese encuentro solo se convierte en arraigo cuando existe después una oportunidad profesional suficientemente atractiva.
El informe también detecta una diferencia de percepción entre quienes ya viven en los pueblos y quienes llegan por primera vez. Las entidades locales valoran mejor que los estudiantes aspectos como la conectividad, la vivienda, los servicios y las infraestructuras. Esa distancia sugiere que quienes están asentados en el territorio pueden no percibir con la misma intensidad algunas de las barreras que encuentra una persona que se plantea trasladar allí su residencia.
Un modelo nacido en Zaragoza y extendido a otros territorios
Los programas conocidos como Erasmus rurales comenzaron a desarrollarse en Zaragoza en 2018 y posteriormente se extendieron a Huesca y Teruel y fueron replicados en territorios como Castellón, Alicante o Navarra. El modelo sirvió también como referencia para la puesta en marcha del programa Campus Rural del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
En el caso de las iniciativas financiadas por la Diputación de Zaragoza, alrededor del 10% de los participantes ha encontrado empleo en algún municipio de la provincia después de realizar las prácticas, aunque no existe información suficiente para determinar cuántos continúan residiendo actualmente en esas localidades.
La cifra permite valorar el programa sin atribuirle una capacidad que no tiene. Los Erasmus rurales pueden facilitar el primer contacto entre jóvenes cualificados y municipios que necesitan población y talento, mejorar la imagen del medio rural y generar relaciones personales y profesionales que difícilmente surgirían de otra manera. Pero la decisión de quedarse depende de factores que van mucho más allá de una experiencia positiva durante unos meses.
El propio estudio sitúa ahí una de sus principales conclusiones. Si el objetivo es convertir la atracción inicial en arraigo, las prácticas universitarias necesitan formar parte de una estrategia más amplia que actúe sobre el empleo, la vivienda, la conectividad y los servicios. El reto de la despoblación no consiste únicamente en conseguir que los jóvenes conozcan los pueblos, sino en crear las condiciones para que quienes descubren que podrían vivir en ellos encuentren también razones profesionales y personales para hacerlo.



















