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2 febrero 2023

Nacho Ares: “De Tutankamón seguimos sabiendo lo mismo que hace cien años, es decir, nada”

Este experto en egiptología, divulgador y autor de varios libros sobre el Antiguo Egipto estará el 10 de noviembre en Zaragoza, en la sesión inaugural de Ocultura. Será a las 19.00 horas y su participación versará sobre el mayor descubrimiento arqueológico de la historia, la tumba de Tutankamón.

Nacho Ares (León, 1970), se define como ‘egiptoloco’, es decir, todo un amante de la cultura del Antiguo Egipto. Su pasión le ha llevado a especializarse en su estudio, a convertirse en divulgador y a dirigir el programa ‘SER Historia’, de la Cadena Ser, y el podcast y canal de Youtube ‘Dentro de la pirámide’.

El 10 de noviembre, este experto estará en Zaragoza, en el V Encuentro Internacional de Ocultura que acoge la ciudad desde ese día hasta el 13 de noviembre. En su ponencia, Ares abordará el mayor descubrimiento de la historia de la arqueología, el de la tumba de Tutankamón, que este año cumplirá un siglo.

Te defines como ‘egiptoloco’, ¿de dónde surge esta pasión por el Antiguo Egipto?

Cuando tenía 13-14 años, cayó en mis manos un libro que es un clásico de la historia de la arqueología, que es ‘Dioses, Tumbas y Sabios’, de C. W. Ceram. Y, a partir de ahí, quedé prendado por la parte de Egipto, me encantó. Desde entonces, me enganché a esto de la egiptología. Luego hice Historia Antigua en la Universidad de Valladolid y, más tarde, Egiptología en la Universidad de Manchester, en Reino Unido. Y la verdad es que siempre he trabajado en medios de comunicación, he estado vinculado a la divulgación, también he hecho investigaciones y he colaborado con misiones arqueológicas.

Son 25 años dedicados a este universo…

Más de 25, casi 40. He viajado mucho a Egipto. La suerte es que mi pasión se ha convertido en mi vida y en mi modo de trabajo.

¿Es realmente inagotable la egiptología?

Sí. Estamos a punto de celebrar cien años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón y de él seguimos sabiendo lo mismo que hace cien años, es decir, nada. Es como si tuviéramos un caldo al que hemos estado echando tropezones de cosas y hay ingredientes, pero seguimos sin saber a qué sabe eso. No tenemos una idea concreta de la figura de Tutankamón porque vivió en un momento muy convulso de la historia de Egipto. Es muy poco lo que sabemos de él y es lo que lo convierte en algo apasionante. Si realmente supiéramos todo de Egipto, no solamente de Tutankamón, Egipto no tendría ninguna gracia. Son, precisamente, las lagunas y misterios que hay lo que la convierte en una civilización tan apasionante.

De hecho, si te digo una referencia, la tumba KV62 (la de la tumba de Tutankamón), ¿qué te viene a la cabeza?

Es, para mí, el mayor descubrimiento de la historia de la arqueología. No hay paralelos, no hay parangón. Se habla de los guerreros de Siam, del señor de Sipán… no hay paralelos. No solamente en la cantidad de materiales y su importancia, sino en la historia que hay alrededor del descubrimiento. La realidad es como una película. Y la historia de Howard Carter -su descubridor – y Lord Carnarvon detrás de la tumba de Tutankamón es apasionante, parece una novela. La KV62 es un referente. Desde el punto de vista estético, tipológico, arquitectónico, no es quizás la más bonita del Valle de los Reyes, pero la historia que tiene detrás supera con creces tumbas mucho más bonitas que hay allí.

Se cumplen también 200 años del descubrimiento de la piedra Roseta. Se podría decir que este 2022 es importante para la egiptología…

Sí, el 27 de septiembre hemos celebrado el segundo centenario del desciframiento de la piedra de Roseta y eso implicó el nacimiento de la egiptología como ciencia. A partir de entonces se podían leer los textos. Hasta ese año, 1822, las únicas referencias que había para conocer cosas del Antiguo Egipto eran el Antiguo Testamento y autores clásicos como Heródoto, Plinio, Diodoro, Estrabón… que dan informaciones buenas, pero nada que ver con el propio relato contado en primera persona de los antiguos egipcios.

Nacho Ares, con Javier Sierra, Impulsor de Ocultura. Foto: Nacho Ares

Muchas veces se dice que Occidente está marcado por el derecho romano, la religión judeocristiana y la cultura griega. Sin embargo, ¿cuál es el peso de Egipto?

Muchísimo más de lo que pensamos. Ahora mismo soy comisario de una exposición en Madrid que se llama ‘Hijas del Nilo’ y tenemos una parte dedicada a la diosa Isis. El referente arquetípico desde el punto de vista religioso de la diosa Isis, no solamente del concepto del pensamiento de lo que implica esa diosa madre, sino también desde el punto de visto estético, es lo mismo que nosotros tenemos hoy con la virgen María. Es la misma representación. Los egipcios la representaron sentada con el niño Horus, su hijo, en el regazo; la virgen María está con el niño Jesús en el regazo. Horus es el representante del rey futuro del cosmos, y lo mismo Jesús, el rey de reyes. Son exactamente las mismas ideas que han llegado hasta nosotros.

Hay infinidad de cosas. Por ejemplo, el calendario de 365 días es egipcio, la cerveza es un invento egipcio, hay juegos de mesa como la oca que tienen su origen en el Antiguo Egipto… hay muchas cosas que hoy las tenemos tan diluidas en nuestra cotidianidad que pasan desapercibidas; no nos preguntamos de dónde vienen y vienen de los antiguos egipcios. El hecho de dejar flores en la tumba, que hoy lo hacemos como un gesto de belleza, en el Antiguo Egipto lo hicieron primero con un significado mágico. ‘Ramo de flores’, en la lengua de los antiguos egipcios, se decía ‘Anj’, que significa vida. Ellos estaban dejando una ofrenda de vida al difunto para que pudiera vivir en el más allá.

Volviendo a Tutankamón, ya has abordado su figura en dos obras, ‘La Tumba Perdida’ y ‘El Último Hijo del Sol’, ¿qué es lo que más te fascina de este rey?

Acabo de sacar hace un mes una versión actualizada de ‘El Último Hijo del Sol’ que se llama Cosas Maravillosas. 100 años del descubrimiento de Tutankamón. Lo publica DeBolsillo, En realidad no tiene que ver nada con el libro que saqué hace 20 años, está totalmente reescrito. Con Tutankamón siempre he tenido una conexión muy fuerte, lo descubrí con el libro de ‘Dioses, Tumbas y Sabios’ y quizás es un poco ‘naif’ decir que el faraón favorito de uno es Tutankamón, pero en mi caso hay razones de peso para justificarlo.

Sobre todo, la figura de Howard Carter, que ha sido mi padre arqueológico desde el más allá, por así decirlo. He seguido siempre sus pasos, conozco las casas donde vivía en Londres y en Egipto, siempre que voy a Londres todos los años, voy al cementerio de Putney Vale, donde está su tumba. Hay un vínculo muy cercano por Howard Carter.

Es un chaval que llega con 17 años (a Egipto). Él nace en Londres en 1874 y en 1891 ya está trabajando como acuarelista, era un extraordinario dibujante, en Egipto, acompañando a una misión arqueológica en Beni Hassam. Su jefe, Percy Newberry, tenía 8 años más que él, tenía 25 años. Era un equipo muy joven. Y se quedó prendado de Egipto y de su cultura. Era una persona de carácter muy retraído, con pocos amigos y algunos decían que era un poco arisco, tenía un carácter muy especial. Pero luego ves vídeos de él de la década de 1920, tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, y te das cuenta de que era muy bromista, sale haciendo bromas delante de la cámara, riéndose, haciendo el tonto con otros compañeros, gastando bromas… debió de ser un personaje muy particular.

Nacho Ares, en una estatura egipcia, en Londres. Foto: Nacho Ares

¿Cuáles son los principales misterios que siguen alrededor de la figura de Tutankamón?

La muerte, quizá. Siempre se dijo que había muerto por un golpe que le habían dado en la cabeza. Luego se demostró por el scanner que se le hizo en 2005 que posiblemente la causa de la muerte fuera una infección en la rodilla izquierda; pero, claro, la causa de esa infección no sabemos cuál fue. Quizá se cayó del carro, por las escaleras o se dio un golpe abriendo el frigorífico, como dije una vez en broma. Eso no lo sabemos. Y de su vida es que no sabemos nada, no sabemos lo que hizo.

En su tumba aparecieron en algunas cajas unas pinturas de él en un carro de guerra atacando a nubios, a pueblos extranjeros, y se creía que esas escenas estaban un poco idealizadas y que él nunca participó en ninguna batalla. Pero han aparecido relieves en Luxor donde se le ve a él en esas escenas de guerra y representando momentos concretos que no tienen paralelos en la historia del arte egipcio, como un prisionero dentro de una jaula llevándola un barco, que debe de ser el jefe de los enemigos. Son escenas lo suficientemente únicas como para estar describiendo un hecho real. Eran como fotografías, por así decirlo, de ese momento. Y son relieves en los que aparece Tutankamón como faraón liderando las tropas del ejército.

Con los análisis forenses que se han hecho de la momia, le han sacado como 40 o 50 causas de muerte y 40 o 50 enfermedades distintas, hay estudios que te mueres de la risa de las cosas que se han dicho de él. La mayor parte de los médicos, cuando ven la momia dicen: ‘yo no veo aquí nada especial, que me llame la atención, para decir que esta es la causa de la muerte, no le veo ningún tipo de deficiencia, ni cojera, ni pie zambo…’.

Más allá de este faraón, ¿qué otras grandes preguntas hay alrededor del Antiguo Egipto?

Hay un clásico, que es cómo se construyeron las pirámides. Hoy en día nadie lo sabe. Llevamos desde que se construyeron, hace casi 4.500 años, lanzando posibilidades. Heródoto ya en el siglo V antes de Cristo lanzó la primera teoría, pero seguimos lanzándolas y quizás nos podemos acercar un poco a la verdad, pero no sabemos casi nada.

Otra que a mí me encanta es saber dónde están las tumbas de las reinas de la 18ª dinastía, de la familia de Tutankamón, que es la más importante de la historia de Egipto. No sabemos dónde están las tumbas de las reinas, no tenemos ni idea. Es uno de los grandes enigmas. Luego hay otros clásicos como el dónde está la tumba de Cleopatra o de Alejandro Magno. Y de la época posterior a Alejandro Magno, cuando él llega en el siglo IV a Egipto y hereda su general Ptolomeo el gobierno, él comienza una nueva dinastía, que es la de los Ptolomeos, pero no hemos encontrado ni una sola tumba de estos reyes. Son muchísimos enigmas desde el punto de vista arqueológico e histórico que todavía están por dilucidar.

¿Tienes esperanza en que algún día se puedan desvelar todos estos misterios?

Creo que paulatinamente irán apareciendo poco a poco, pero espero que sea un proceso largo y estoy convencido de que, a medida que se vayan resolviendo los misterios, van a aparecer otros. El día que sepamos todo de Egipto, perderá su gracia, su encanto.

Como divulgador, ¿qué crees que hace del Antiguo Egipto algo tan fascinante para el público?

Esa pregunta me la han hecho muchas veces, por qué es tan atractivo. Y es cierto, en el gran público hay una demanda de temas de Egipto. Los que hemos trabajado en medios de comunicación escritos sabemos que una portada de Tutankamón vende diez veces más que una de un ánfora o una estatua romana. Quizá en nuestro inconsciente algo nos llama a nuestros orígenes. Tenemos muchos elementos de la cultura faraónica en nuestros días que pasan desapercibidos y no sabemos lo que son, pero sentimos esa llamada de atención por parte de todo lo egipcio. Quizás es esa una de las razones, más allá de lo estético y del misterio que rodea absolutamente todo, creo que también tiene mucha importancia el aspecto de que somos herederos de una cultura egipcia. Muchas veces nos olvidamos de que Roma y Grecia bebieron de Egipto. El arte griego primitivo, por ejemplo, es arte egipcio, es la misma posición de la pierna izquierda adelantada, el mismo hieratismo… es absolutamente egipcio. Y con Roma sucede lo mismo.

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