33.4 C
Zaragoza
31.6 C
Huesca
24.9 C
Teruel
12 septiembre 2022

Ana Alcolea: “La literatura en Aragón goza de muy buena salud”

Oriunda de Zaragoza, Ana Alcolea es una escritora especializada en literatura infantil y juvenil. Galardonada con varios premios como el Cervantes Chico o el premio de las Letras Aragonesas, la aragonesa acumula casi una treintena de libros publicados. Alumna Distinguida por la Facultad de Filosofía y Letras, esta licenciada en Filología Hispánica y diplomada en Filología Inglesa por la Universidad de Zaragoza, se estrenó en el panorama literario con su obra 'El medallón perdido' en 2001.

¿Cómo fue el comienzo en esta aventura literaria?

Yo era profesora de Lengua y Literatura, había escrito artículos sobre literatura y ediciones didácticas, pero nunca ninguna obra de ficción hasta que ocurrió una tragedia en la familia. Un primo mío que vivía en Gabón (África) murió en un accidente de avioneta en el año 98. Era una persona que yo quería mucho y cuando murió tuve la necesidad y el deseo de escribir algo que tuviera que ver con él, que fuera una especie de homenaje a su persona y una manera de mantenerlo vivo. Por eso escribí El medallón perdido publicado en 2001.

Comenzaste tu trayectoria literaria con El medallón perdido en 2001 y hoy en día ya has escrito casi una treintena de libros. Ahora estás inmersa en el proceso de corrección de una novela que saldrá en Colombia, además de otro libro que verá la luz en diciembre, ¿nos puedes adelantar algo de tus últimos trabajos?

Respecto a la primera, es una novela muy diferente, es casi el monólogo de una niña que ha tenido un accidente y no puede comunicarse. Se comunica con el mundo y consigo misma a través de los sueños, lo que está soñando la llevará a misterios y secretos de sus antepasados. Está ambientada en Colombia y va a publicarse en la editorial sudamericana Norma. Se titula Por los caminos del sueño. Del otro trabajo, en diciembre sacaré un libro que me hace especial ilusión en la editorial aragonesa Libros de Ida y Vuelta de Javier Hernández. Es un pequeño libro sobre Beethoven de fantasía con ilustraciones.

Si tuvieras que quedarte a vivir en uno de tus libros, ¿cuál sería y por qué?

Esta es una pregunta muy difícil. Los libros son como hijos y los quieres mucho. Aunque yo ahora mismo me quedaría a vivir en El maravilloso mundo de los libros, así no tengo que elegir un libro porque habla de muchos otros. Habla de personajes, escritores, alfabetos, de lugares literarios… Si lo elijo puedo quedarme a vivir con Don Quijote, con Julieta, con Scheherezade, en el Ramayana, en definitiva en muchos sitios diferentes.

Ana Alcolea
Ana Alcolea con un ejemplar de ‘El maravilloso mundo de los libros’ con ilustraciones de David Guirao.
¿Hay algún libro que le guardes especial cariño por alguna anécdota en concreto?

Todos son muy personales. Mi marido es de Trondheim (Noruega) y la casa de mis suegros se encuentra en un barrio que durante la Segunda Guerra Mundial era un campo de trabajo. Allí llevaron a prisioneros serbios para construir los amarres de los submarinos, y nuestra casa es la única que tiene una orientación distinta porque en la zona del jardín están los restos de un búnker bajo tierra. Yo me enteré de esto y tenía que escribir sobre esto. Por eso escribí Donde aprenden a volar las gaviotas. Es una obra que tiene que ver con Noruega, con la IIGM, con una caja azul que perteneció a mi madre… en definitiva con este espacio que me rodea y es muy especial para mí. Donde ahora están las casas había prisioneros, sobre todo de Serbia y Polonia. Cuando estoy en un sitio me fascina mucho pensar qué pasó allí antes de que llegara yo, qué vida tuvo ese lugar, qué otras personas estuvieron, etc. Y cuando ese lugar tiene que ver con algo tan dramático como la guerra, se convierte en algo muy personal y especial.

¿Por qué literatura juvenil e infantil?

Yo no creo mucho en las edades de los libros. Escribo lo que siento y lo que me apetece. Lo que pasa que en El medallón perdido me inventé un personaje adolescente y como había hecho alguna edición didáctica con una editorial de literatura infantil y juvenil, lo mandé allí porque me conocían. No me lo publicaron en aquella editorial. Luego lo mandé a Anaya donde ahí no conocía a nadie y me lo publicaron enseguida. Fue empezar con un personaje joven y decidí seguir. Tengo libros también que no están dentro de colecciones juveniles, pero la mayoría de mi obra sí que es para niños y jóvenes, o al menos están en esas colecciones. Luego puedes leerlo, como en el caso de El maravilloso mundo de los libros que lo están leyendo muchos adultos porque es un libro de divulgación, lo puede leer desde un crío de 7 años hasta un adulto de 90 y aprender o  por lo menos, disfrutarlo. Los libros que escribo de colecciones juveniles los puede leer un adulto perfectamente sin sonrojarse. Yo no trato los temas que están de moda para jóvenes, no me apetece. Hay mucha literatura juvenil que trata determinados temas y a mí no me apetece tocar eso, hay que gente que lo toca y lo hace muy bien. Yo me voy por otro lado, a mí me gusta mantener ese punto de la aventura, del misterio. No escribo libros de autoayuda, vaya.

¿Crees que ese aspecto es tu sello distintivo?

Espero que sí. Es lo que hay que hacer, escribir en cada momento lo que sientes, lo que te apetece. No escribir pensando en el lector. Yo no escribo pensando en si esto le va a gustar, va a entender estas palabras, va a estar dentro de su vida cotidiana, etc. Yo como lectora no quiero que me cuenten lo que vivo todos los días, mi vida en el instituto o mi vida en la oficina, quiero que me cuenten otras cosas, ir más allá. Quiero enriquecerme con los libros que yo leo. Entonces yo quiero contar a mis lectores cosas que les hagan pensar, que les interesen y que les emocionen, pero que no se encuentren con lo que se encuentran todos los días. La literatura trasciende e intenta ser universal porque te cuenta lo que tú estás viviendo pero con lo que puede estar viviendo alguien que vivió hace miles de años y en el que te puedes reconocer tú. Quiero que mis lectores se reconozcan y se enriquezcan, sobre todo emocionalmente. Que se lo pasen bien, y que lloren si toca llorar. La literatura tiene que tener ese punto de emoción del escritor. Si el autor se cree lo que está escribiendo y lo vive, entonces lo podrá vivir el lector.

Ana Alcolea
Ana Alcolea durante la firma de ‘El secreto del galeón’.
Como has dicho, gran parte de tu público es joven y se encuentran en una etapa clave de su crecimiento y desarrollo personales, ¿eres consciente del poder de influencia que tienes sobre este sector de la población?

Sí, y eso da mucho vértigo. No sé en qué momento de la vida está cada uno de mis lectores, eso no lo puedo saber. Con el primer libro (El medallón perdido) que empieza con la muerte del padre del protagonista en un accidente -como pasó de verdad con mi primo-, dos veces me he encontrado con alumnos en colegios que cuando lo leyeron estaban viviendo ese duelo por la pérdida de una madre o un padre. Entonces lo estaban leyendo de una manera muy diferente a sus compañeros. Porque las palabras a cada uno de nosotros nos dicen cosas distintas, porque nos proyectamos en las palabras. El libro es como un espejo en el que nos estamos proyectando. Por eso cada uno leemos un libro distinto. Eso te da cierto vértigo. Yo escribo el libro que me apetece pero yo no sé en qué momento de sus vidas van a leerlo los lectores. Sabes que en muchos casos los jóvenes solo leen los libros de prescripción, los que les mandan en el colegio o instituto. Esto da mucho que pensar, porque igual son los únicos libros que va a leer alguien que no conozco y que le van a influir en su vida al igual que a mí me influye lo que leo. Somos lo que comemos, lo que bebemos y lo que leemos.

¿Crees en el poder transformador o terapéutico de la lectura?

Como terapia en general, como formación. Si tú no hubieras leído todos los libros que has leído, serías otra persona, ni mejor ni peor: distinta. Todas nuestras referencias culturales gracias a la lectura si no las tuviéramos seríamos mucho más pobres anímicamente, emocionalmente, socialmente, etc. Yo creo en ese poder de la literatura, porque más que transformarnos, nos va formando. Nos vamos metamorfoseando cada minuto. Yo no me imagino a mí misma sin todo lo que he leído, sería otra.

Cómo recuperar a los jóvenes lectores que pierden el hábito de lectura a partir de los 17 años. ¿Qué está fallando y de qué manera crees que se podría recuperar?

Esa es la pregunta del millón. Es la que se hace todo el mundo pero nadie tiene una respuesta clara. Ahora hay tantas cosas (móviles, videojuegos…) que supone un reto. Desde las instituciones estamos fomentando con distintos programas de animación al lector y demás, pero es difícil. Sí que es verdad que a esa franja, los que leen, leen muchísimo, más que los adultos. Esos que se pierden por el camino se recupera, otros ya no. Hay muchas políticas de fomento, muchas bibliotecas que hacen trabajos maravillosos sobre todo en los barrios y a nivel rural.

Hace poco la Asociación Atrapavientos de Zaragoza ganó el Premio Nacional de Fomento de la Lectura 2022. Uno de sus proyectos para recuperar a los jóvenes lectores es a través de sus talleres de escritura, ¿te parece una de las posibles soluciones para el problema?

Los talleres de escritura te enseñan a amar la escritura desde dentro. Están creando jóvenes con muchas ganas de escribir, y espero que también de leer. Si uno no lee mucho no puede escribir. Asociaciones como Atrapavientos, a quienes hay que darles la enhorabuena por el premio que han recibido, animan a la literatura en general. Quienes se apuntan a estos talleres ya están muy enganchados a la lectura. No sé si se crean nuevos hábitos, para eso ellos tendrán estadísticas. Yo en mis clases mandaba escribir mucho, y si escribes coges ese gusto por la palabra. Todas las personas tienen libros que les van a gustar.

Como escritora, ¿alguna vez te has tenido que enfrentar al síndrome de la página en blanco?

Yo me pongo a escribir cuando tengo una idea buena, una historia que yo creo que es buena. Eso de tener que entregar y no se te ocurre nada… si te pones tranquilamente, sale. Si no te vienen, hay que esperar. Forzarte a escribir por escribir, no. O forzarte a escribir porque un tema esté de moda, tampoco lo hago. Yo espero que a mí me llegue una idea que me haga sentir.

Ana Alcolea
Ana Alcolea durante uno de sus viajes.
Y en la otra cara de la moneda, como lectora, ¿cuáles son tus autores y géneros preferidos?

Me gusta leer sobre todo novela, ensayo y cuando estoy en Noruega leo poesía. Allí tenemos una casa en las montañas y me gusta mucho leer poesía, ya que te relaciona con la naturaleza, con la esencia. ¿Autores favoritos? Hay tantos que es difícil elegir… De autores contemporáneos, adoro a Irene Vallejo por supuesto, El infinito en un junco y toda su obra, es inmensa y maravillosa. Es la gran voz que tenemos en la literatura española ahora, llena de sabiduría y de magisterio en sus palabras. Sabe decir, sabe escribir muy bien. Es una maga de las palabras. Dentro de los clásicos, Cervantes y Shakespeare, Tolstoy, Stendhal, etc. En los clásicos del siglo XIX y de la primera parte del siglo XX están los grandes novelistas que no hay que olvidar, Thomas Mann por supuesto, es uno de los grandes.

Desde que empezaste tu trayectoria literaria, has recibido varios premios como el Premio Cervantes Chico (2016) o el premio de las Letras Aragonesas (2019), entre otros. ¿Cuál es el que más valor tiene para ti?

El premio más importante es el que los lectores te dan cada día. Cuando voy a dar charlas y veo las caras de los lectores y su entusiasmo, ese es el gran premio. Cuando te dicen “es el mejor libro que he leído”, eso no tiene precio. Los premios de reconocimiento son muy bonitos porque te reconocen una trayectoria, no por un libro que hayas escrito. En mi caso, se trata de una trayectoria muy honesta con los lectores, yo no pienso en el lector cuando escribo, no le doy lo que quiere oír, le doy lo que yo siento. Por eso me parece que respeto mucho al lector. Si le doy lo que quiere, no lo estoy respetando tanto. Respeto mucho a mi lector, por eso escribo lo que siento, sin pensar en mimarlo. Son premios que me hacen muy feliz. Realmente nunca te esperas ser merecedora de premios así. El Cervantes Chico me hizo mucha ilusión. En cuanto al premio de las Letras Aragonesas, que te reconozcan en tu tierra tiene un valor extraordinario para un escritor. Que tu gente considere que eres digna de llevar en tu currículum un premio que lleva el nombre de Aragón, es maravilloso y estoy muy agradecida. Luego hay un premio que me hizo muchísima ilusión, Alumna Distinguida de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Es tu propia universidad quien te reconoce como alumna distinguida. Fue muy bonito y fue el último premio que se pudo dar antes de la pandemia, por lo tanto, estaba todo el mundo y todos los alumnos. Un premio en el paraninfo en un acto precioso. Lo recuerdo con mucho cariño. Estos dos últimos premios los llevo en el corazón.

Hablando de Aragón y de escritoras como Irene Vallejo que han impulsado el panorama literario aragonés. ¿Qué futuro le pronosticas a la literatura en Aragón?

Yo creo que muy bueno. Además hay gente muy joven que está escribiendo muy bien y está publicando cosas muy valiosas. Aragón lleva bastantes años viviendo una edad, no sé si de oro o de plata, de la literatura. Todo tipo de literatura o de ilustración. Los grandes autores de literatura española: Irene Vallejo, Manuel Vilas, Ignacio Martínez de Pisón. Hablamos de nombres potentes y de altísima calidad con nombres y apellidos aragoneses. Aparte de otros muchos más que no nombro. En literatura infantil y juvenil tenemos Daniel Nesquens, Begoña Oro, Sandra Araguas, Fernando Lalana, David Lozano, etc. Nombres de primerísimo nivel. Goza de muy buena salud la literatura en Aragón y la ilustración también. Tenemos grandes nombres como David Guirao, Alberto Gamón, María Felices…

Y para finalizar, ¿qué consejo le darías a un joven que sueña con ser escritor algún día?

Primero de todo, que lea mucho. Que sea honesto y escriba desde sus propias emociones lo que sienta. Que no piense en intentar escribir un superventas sobre algo que esté de moda. Y que piense que escribir es una carrera de fondo, no es cuestión de “escribo ya que tengo 16 años, escribo y publico y ya soy escritor”. No. Nunca se es escritor. ¿Cuándo se es escritor? No lo sé. Después de escribir mucho, de leer mucho, después de ver la vida con otros ojos. Y para eso hace falta años, experiencia y lectora sobre todo. Hay que escribir desde las emociones para llegar a las emociones del lector y ser muy honesto con lo que escribes. Eso implica serlo contigo mismo y con el lector.

Entrevista a la escritora Patricia Esteban Erlés

Articulos relacionados

Suscribirse
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios

Te puede interesar