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3 diciembre 2022

Belén Lorente: “Ser curioso, saber escuchar y contrastar son las claves del periodismo. Que seas bueno o malo se va viendo con los años”

La periodista zaragozana (1973) inició su carrera profesional en la Cadena SER. En el año 2000 comenzó a trabajar como presentadora en RTVE Aragón. Allí fue jefa de informativos y directora del centro. En 2019 empezó su andadura como corresponsal en Lisboa, Portugal. En Go Aragón le preguntamos por su experiencia, sus sueños y su percepción del periodismo actual.

¿Cómo ha sido tu trayectoria periodística?

Yo me decanté por el periodismo porque tenía en la cabeza la serie Lou Grant. Mis primeras prácticas fueron en Radio Zaragoza en 1997. Al poco tiempo me pusieron a hacer información de tribunales. Esta fue una etapa complicada porque yo no tenía ni idea de lo que era un auto, una sentencia, etc., pero me sirvió para aprender mucho de esta profesión. Estuve allí tres años, editando también varios boletines informativos, y en el año 2000 entré en Televisión Española en Aragón como presentadora del informativo de la tarde, porque por aquel entonces había dos informativos. A los 4 o 5 años me ofrecieron el puesto de jefa de informativos, que prácticamente coincidió con la etapa de la Expo Zaragoza 2008. Eso fue una experiencia brutal, creo que trabajaba 27 horas al día, más de las que tiene un día. Y después pasé a ser directora del centro territorial. Volví a ser redactora hasta que hace casi 3 años y medio me ofrecen la posibilidad de dar el salto e irme al extranjero.

En 2019 te proponen hacer la maleta e irte a trabajar y por consecuencia a vivir a Portugal, en concreto a Lisboa, como corresponsal. ¿Cómo fue ese momento?

Fue de la noche a la mañana. Era algo que no me esperaba. Los corresponsales en TVE casi todos salen de Madrid, no por nada, no porque no se cuente con los centros territoriales sino porque probablemente siempre ha sido así. Entonces, mi caso fue casi una excepción. Tenía que contestar en 48 horas y creo que esa llamada de teléfono no la voy a olvidar nunca. Dije que sí, y aquí estoy. Entré en diciembre de 2019, ahora voy a hacer aquí mi cuarto año, con dos de pandemia que ha sido un poco “frenazo”, pero la experiencia está siendo increíble. Te permite conocer un país de verdad.

¿Son importantes las corresponsalías?

Sí. Cuando ves en muchos medios de comunicación que mandan enviados especiales para cubrir según que cosas se nota esa falta de experiencia y de contexto que sí tiene un corresponsal por el simple hecho de que está viviendo en un país, y cuando vives con la gente, hablas, te pasan cosas, tienes que ir al médico, etc., puedes entender realmente lo que está pasando en un territorio y contárselo mejor a la opinión publica, que al final es de lo que se trata. Yo siempre he dicho que un año es muy poco para un corresponsal. Los compañeros suelen estar mínimo dos y a partir del tercero es cuando te asientas. En mi caso, no te vuelves portugués pero casi. Es una inmersión total la que haces en ese país.

¿Te cambia mucho la vida?

El giro es de 180 grados. En mi caso, venía de una vida ordenada: tres hijos, casada, con mis horarios… y, de repente, te vas a otro país. El cambio te sirve primero para concerté a ti como persona. Es una prueba de fuego para preguntarte quién eres tú porque tienes mucho tiempo para pensar: quién eres, por qué has tomado esa decisión, qué haces ahí, etc. Todas esas horas que antes tenías ocupadas con esa vida ordenada de repente desaparecen. Aunque el corresponsal tiene el teléfono pegado 24 horas al día. Cambias de forma de ser, de pensar, de ver las cosas. Yo me vine sola, porque entiendo que mi pareja tiene su vida y su trabajo, y yo no quería que rompiera con eso. Poco a poco, me he ido trayendo a mis hijos. Es la vida del inmigrante, que se va uno y luego te vas trayendo gente.

¿Qué has aprendido en esta etapa?

Yo creo que una de las cosas que he aprendido es a pensar en el día a día o en un corto plazo de tiempo. Esto también ha pasado con la pandemia. No me voy a preocupar en exceso por lo que va a pasar dentro de un mes porque, ¿para qué?. Esto creo que es una de las cosas que pasa cuando te vas a vivir a otro país para trabajar.

¿Cómo es tu día a día como corresponsal en Lisboa?

Yo estoy de corresponsal en Televisión Española y en Radio Nacional. Mi día a día consiste en levantarse muy pronto, sobre las 6 de la mañana, porque me gusta hacer deporte. Veo los telediarios de las cadenas públicas y echo un vistazo a la prensa general. Normalmente, empiezo y termino el día pegada a la información. Dependemos mucho de lo que puedan pedirnos, independientemente de lo que pueda ocurrir de actualidad. Es verdad que Portugal es un país pequeño, sin mucha fuerza política como Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, pero en Portugal pasan cosas y además es un país vecino, por lo que nos estamos mirando constantemente. Entonces, mi día a día es estar pendiente primero de lo que yo creo que puede ser noticiable y pueda ofrece a los servicios informativos o programas, y también de lo que me puedan pedir a mí. Por ejemplo, igual sobre el gas no hay ninguna novedad ese día, pero me piden que haga una noticia de contexto sobre cómo es aquí el mercado, si está regulado, si es libre, a cuánta gente le afecta, etc. Y esto es de lunes a domingo. Porque el fin de semana hay otro equipo y te puede pedir lo mismo. En una corresponsalía se trabajan mucho más los temas rodados, de reportaje, que el directo o la noticia en sí. Hay días muy tranquilos y otros que no tienes horas, porque te piden cosas del Telediario, del Canal 24 horas, de TD2, de programas, etc.

¿Sabías portugués cuando aceptaste ir a Lisboa a trabajar?

No. Me vendieron que el portugués es casi como el español. Es verdad que cuando lees pequeñas cosas se puede entender, pero luego te das cuenta de que es muy difícil. Cuando vine aquí no tenía ni idea de portugués, hablaba en inglés. Es verdad que aquí todo el mundo sabe hablar inglés, por ejemplo las películas no las tiene traducidas a otro idioma. También con la comunidad británica empresarialmente tienen mucha relación. Hice seis meses de clases de portugués y ya cuando medianamente empecé a defenderme lo deje. Yo hablo ‘portuñol’. El portugués es una idioma muy complicado. Tanto que la cadena publica del país tiene un programa de televisión que lo enseña.

Cuando tomaste la decisión de irte a trabajar a Lisboa, ¿en algún momento te sentiste más juzgada por ser mujer que si esta misma decisión la hubiera tomado un hombre?

En mi entorno familiar he tenido la gran suerte de que todos me apoyaron, empezando por mi pareja que fue el primero que me dijo “ni te lo pienses, vete”. Pero sí que es verdad que en un entorno no muy lejano, de conocidos, en el trabajo, amigos, etc., sí que me he escuchado algún comentario, probablemente sin maldad, de “ah te vas? ¿y entonces los niños?”, que por aquel entonces eran ya mayores. Esto si hubiera sido al revés, a un hombre nadie le hubiera dicho nada porque los niños se hubieran quedado con la mujer. Yo creo que el tema del trabajo, la mujer, el periodismo, el entorno,… queda mucho por hacer. Hay muchas situaciones que dices “no puede ser”. Lo hemos visto en compañeras que han ido a la guerra de Ucrania y se les ha criticado porque se pintaban la raya del ojo para el directo o por como iban vestidas. Eso a un hombre no lo critican.

¿Recomendaría a un/una periodista que hoy esté trabajando en España aprovechar una corresponsalía?

Sin duda. Esto ha sido una experiencia buena no solo para mí sino para toda mi familia. Un punto de inflexión muy positivo. Al principio me vine sola y me he ido trayendo hijos. El mediano y el pequeño que empizan bachillerato aquí están encantados. El problema va a ser cuando tengan que volver. (Risas). Al final, el balance que se hace es muy positivo, pero también tienes momentos en los que no se pasa tan bien. Hablo de mi experiencia. En algunos casos estás muy solo, estás en un país donde no conoces a nadie, no tienes amigos… Llega el fin de semana y cuando ya te has conocido todo el centro, has visitado todos los museos y se te acaba la agenda, es ahí cuando dices “ostras, tengo que hacer otras cosas. No puedo vivir en un país como turista, tengo que ser de este país”.

¿Hacia dónde crees que va el periodismo? ¿Qué futuro tienen las corresponsalías?

Yo creo que al final es una cuestión de interés. ¿Qué pesa más: el interés económico o el social? Hacer televisión es muy caro. Tener a una persona que tenga tiempo para hacer una noticia bien contada vale dinero, pero es que sino no estamos haciendo información. De lo contrario estamos todos haciendo lo mismo, contando lo mismo, sin profundizar. Se nota mucho cuando hay alguien que está en el terreno. Al final, los periodistas tenemos que ser valorados por lo que hacemos y es una pena porque sino no hay critica social, no podemos contar lo que nos gusta contar, que son las injusticias, lo que está pasando, sino que nos quedamos todos con el titular.

¿Internet ha influido positiva o negativamente en el periodismo?

En mi opinión, tiene sus ventajas. Yo creo que la información no ocupa lugar. Pienso que cuantas más herramientas puedas tener para contar, mejor. No soy una defensora de periodismo tradicional, pienso que hay que evolucionar. Lo importante es la coherencia porque el público no es tonto.

¿Y las plataformas?

Es verdad que ahora estamos en un momento de plataformas. Trabajamos con híbridos, páginas webs, podcast, etc. Yo creo que la comunicación ahora no tiene fronteras. Pero los formatos rígidos como son los informativos no van a desaparecer. No hay un único formato. La información es como un gran contenedor y los periodistas elegimos a qué público nos queremos dirigir y cómo. Mis hijos se informan por las redes sociales y, si quieren, ven un documental en la tablet. Tenemos que centrarnos en ese espectador que ahora tiene 18 años. También se dijo que el papel iba a desaparecer hace años y eso no ha pasado ni va a pasar. Tenemos que buscar en ese compartir cómo lo vamos a hacer. Yo creo que no es fácil. No existe una varita mágica. Los recursos son limitados y lo que está claro es que hay que apostar por un producto informativo y, si quieres que sea bueno, eso tiene un coste para que tenga calidad. Las personas que están trabajando tienen que tener tiempo sino es imposible sino se hacen “churros”.

¿Cuáles son para ti las claves del periodismo?

Contar bien la información y contrastar. A veces vivimos en un mundo tan loco, donde va todo tan rápido, que damos cosas por buenas que no lo son. La información hay que contrastarla un millón de veces. Y si no lo tienes seguro y contrastado, es mejor no decirlo. Da igual que ya se haya contado en otros medios. A mi por lo menos me ha funcionado, y llevo 22 años en televisión. Es importante contrastar para no sentirte engañado tú, lo primero, y para no engañar al resto.

En definitiva, para ser periodista primero tienes que ser curioso. Si no eres curioso no te vas a enterar de nada. Tienes que tener interés. Que vayas por la calle y te fijes en las cosas. Una vez has conseguido fijarte en lo que está pasando a tu alrededor, escuchar -no con las orejas sino con los oídos- y tercero, y fundamental, contrastar. Contrastar es también intentar contar el otro lado. Ante una denuncia, ver si realmente la otra parte quiere dar su versión, porque a veces las fuentes nos mienten aunque sea sin intención. Eso es lo imprescindible, luego si eres bueno o malo se verá con los años. Para mí, es mucho más importante la actitud que la aptitud en un profesional.

Dentro del periodismo, ¿tienes hay algún sueño concreto por cumplir?

Yo creo que parte de mi sueño está cumplido. Me siento de verdad muy plena. Quizá me ha llegado el momento de ser mayor. La vida laboral no la vives igual con 49 que voy a hacer, que con 30. A mi me encanta el periodismo, creo que tendré 90 años y seguiré siendo cotilla. Pero con la edad sientes una cierta decepción de ver que hay mucha gente muy buena que no tiene oportunidades o incluso de ti misma, que quieres hacer algo y ves que no tienes tiempo. Esto son cosas que te dan la edad. ¿Sueños? Yo soy muy soñadora. Me gustaría seguir haciendo televisión, pero en formato de reportaje. Los directos están muy bien, te dan mucha adrenalina y me encantan, pero cuando llevas 20 años haciéndolos… ahora me gustaría un formato sosegado, periodismo “chill out”. (Risas).

En Portugal, ¿cómo ven a los aragoneses? ¿se nos conoce?

En Portugal hay mucho turista aragonés. A mi me sorprendió que cuando la gente te pregunta de dónde eres, tendemos a decir “de Zaragoza que está entre Madrid y Barcelona” y aquí todo el mundo me respondía “sí, sí, ya lo conozco, si he ido al Pirineo”. Muchos jóvenes vienen aquí a estudiar Erasmus, tenemos muchas cosas en común históricamente… Entre Aragón y Lisboa hay un buen entendimiento. Hay muchas relaciones económicas, empresas que trabajan aquí. También mucha inversión. De hecho, el mejor inversor en Portugal es el español.

¿Tenemos que aprender España de Portugal y Portugal de España?

Sí. En cuanto al carácter somos muy diferentes. El portugués es más sosegado, más calmado, y los españoles somos más estresados. De Portugal tendríamos que aprender esa diplomacia y respeto. Aquí te dan los buenos días en cualquier esquina. Toman decisiones con más calma. Y eso creo que es una virtud. Los portugueses de los españoles… (Risas) la realidad es que la alegría que tenemos los españoles no la tienen los portugueses, nosotros tenemos otra gracia. El portugués es un poco más aburrido, más serio. (Risas).

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