El grupo japonés amplía en el sudeste asiático su capacidad de producción de polisilicio de alta pureza, utilizado para fabricar las obleas sobre las que se producen los chips. La creciente demanda vinculada a la inteligencia artificial y la necesidad de diversificar la cadena de suministro están detrás de las nuevas inversiones.
La expansión de la industria de los semiconductores no se libra únicamente en las grandes fábricas de chips. Mucho antes de que un procesador llegue a una línea de producción de TSMC, Samsung o Intel, es necesario disponer de materiales capaces de cumplir unos requisitos de pureza extraordinarios. Y es precisamente en uno de esos primeros eslabones de la cadena donde la japonesa Tokuyama está reforzando su capacidad.
La compañía ha inaugurado en Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam, una planta para procesar polisilicio de alta pureza destinado a la industria de los semiconductores. La inversión asciende a unos 60 millones de dólares y las instalaciones tendrán capacidad para producir 4.000 toneladas anuales cuando comience la fabricación comercial, prevista para 2027.
La operación forma parte de un proyecto de mayor alcance. Tokuyama está desarrollando también en Malasia una planta dedicada a la síntesis y deposición de polisilicio mediante una empresa conjunta con la surcoreana OCI. La inversión prevista ronda los 300 millones de dólares.
Cuando ambas instalaciones entren en funcionamiento, la compañía espera aumentar aproximadamente un 50% su capacidad total, desde las 8.500 toneladas actuales hasta unas 12.500 toneladas anuales.
Un material que exige una pureza extrema
El polisilicio es una de las materias primas utilizadas para producir las obleas de silicio que posteriormente se transforman en semiconductores. Su fabricación para aplicaciones avanzadas requiere niveles de pureza muy superiores a los empleados en otros sectores, incluida la industria fotovoltaica.
Tokuyama se ha especializado precisamente en ese segmento. Según la información difundida por la Agencia Vietnamita de Noticias, la compañía ocupa la tercera posición mundial en polisilicio para semiconductores, con alrededor del 20% del mercado, y dispone de procesos capaces de reducir las impurezas hasta niveles de una parte por mil millones.
Esa posición adquiere mayor importancia a medida que aumenta la demanda de chips de altas prestaciones. La expansión de la inteligencia artificial está impulsando la construcción de centros de datos y el consumo de procesadores y memorias avanzadas, entre ellas las HBM utilizadas en sistemas de computación de alto rendimiento. El crecimiento termina trasladándose hacia atrás por toda la cadena industrial, desde las fábricas de chips hasta los productores de materiales.
Tokuyama calcula que en torno a 2027 la demanda de sus clientes podría superar ya la capacidad disponible en su planta japonesa. La empresa prevé además que la producción adicional procedente de Vietnam y Malasia pueda ser absorbida por el mercado en un plazo de tres o cuatro años.
De producir únicamente en Japón a diversificar en Asia
La expansión tiene también una explicación relacionada con la seguridad de suministro. Hasta ahora Tokuyama había concentrado la producción de este material en Japón, una estrategia que mostró sus riesgos durante la pandemia y las posteriores alteraciones de las cadenas logísticas internacionales.
Los clientes han empezado a reclamar alternativas que reduzcan la dependencia de una única instalación. La respuesta de Tokuyama ha sido mantener su base productiva japonesa y, al mismo tiempo, desarrollar capacidad adicional en otros países asiáticos.
Vietnam realizará una parte del proceso utilizando material procedente de Japón, mientras que la planta de Malasia ampliará la capacidad de producción mediante la alianza con OCI. Con esta estructura, Tokuyama pretende disponer de varios puntos de suministro sin abandonar el conocimiento tecnológico acumulado en sus instalaciones japonesas.
El Gobierno de Japón participa en esta estrategia. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria ha concedido a Tokuyama una ayuda de 4.000 millones de yenes, aproximadamente 25 millones de dólares, para respaldar el proyecto vietnamita. La decisión encaja con la política japonesa de reforzar las cadenas de suministro de productos considerados estratégicos.
Vietnam gana terreno en la cadena de los chips
Para Vietnam, la llegada de Tokuyama supone avanzar hacia actividades de mayor valor añadido dentro de una industria en la que el país busca ampliar su presencia. La planta se ha instalado en Ciudad Ho Chi Minh y permitirá incorporar al tejido industrial vietnamita una fase especialmente especializada de la producción de materiales para semiconductores.
El proyecto refleja también un movimiento que se está produciendo en diferentes puntos del sudeste asiático. Las compañías internacionales están revisando cadenas de suministro que durante años estuvieron muy concentradas geográficamente y buscan combinar costes competitivos, disponibilidad de personal, estabilidad productiva y proximidad a los principales centros asiáticos de fabricación electrónica.
Malasia cuenta ya con una importante industria vinculada a los semiconductores, especialmente en ensamblaje, pruebas y otros procesos de fabricación. Vietnam intenta recorrer un camino similar y atraer proyectos que le permitan participar en más fases de la cadena.
Tokuyama aporta en este caso una actividad especialmente sensible. La calidad del material utilizado condiciona el rendimiento posterior de las obleas y, finalmente, de los propios chips, por lo que la entrada en este mercado requiere conocimientos técnicos y controles de producción difíciles de desarrollar rápidamente.
Japón reorganiza una industria estratégica
La inversión de Tokuyama coincide con un esfuerzo mucho más amplio de Japón para reforzar su posición en la industria de los semiconductores. El país mantiene una presencia destacada en materiales, productos químicos y maquinaria especializada, aunque perdió durante las últimas décadas buena parte del peso que llegó a tener en la fabricación de chips.
Tokio está intentando ahora recuperar terreno mediante diferentes vías. Por un lado, financia proyectos como Rapidus, la compañía que aspira a producir semiconductores de 2 nanómetros en Japón. Por otro, ofrece incentivos para atraer fábricas extranjeras y apoya a proveedores nacionales que necesitan asegurar y diversificar sus cadenas de suministro.
La estrategia de Tokuyama pertenece a esta última categoría. La empresa no traslada su producción fuera de Japón, sino que añade capacidad en Vietnam y Malasia para responder al crecimiento previsto de la demanda y reducir la vulnerabilidad de una producción concentrada en una sola localización.
La inteligencia artificial está acelerando este proceso. Su impacto industrial no termina en las compañías que desarrollan modelos o en los fabricantes de procesadores que ocupan habitualmente los titulares. La demanda alcanza también a empresas mucho menos conocidas que proporcionan los materiales sin los cuales esos chips no podrían fabricarse.
Los proyectos de Tokuyama en Vietnam y Malasia muestran esa parte menos visible de la expansión de la IA: antes de construir más centros de datos y poner en funcionamiento nuevos procesadores, es necesario aumentar la capacidad de una cadena industrial que comienza con materias primas sometidas a niveles de pureza extremos.


















