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21 abril 2024

Aragón a través de la lente: Un territorio de cine

La tradición cinematográfica aragonesa se remonta a los tiempos en los que el séptimo arte daba sus primeros pasos. En la Comunidad nacieron genios universales como Buñuel y grandes cineastas como Segundo de Chomón, Carlos Saura, Paula Ortiz y otras figuras que mantienen muy vivo el pulso en la actualidad.

“Podemos decir en voz alta que somos tierra de cine”, afirma la profesora de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza e investigadora Ana Asión. Una afirmación contundente que, lejos de sentimentalismos, resulta acertada si se repasa la historia del séptimo arte en la Comunidad. Desde el primer registro grabado del que se tiene constancia en el territorio, todavía en el siglo XIX, hasta la actualidad, más de un siglo de recorrido ha dado para que de Aragón surgieran gigantes como Luis Buñuel y cineastas de la talla de Carlos Saura o Segundo de Chomón. También, para que sus heterogéneos terrenos sirvan como escenario de grandes y pequeñas producciones y para generar una potente afición entre la sociedad aragonesa, un caldo de cultivo óptimo del que se ha nutrido la lista de profesionales de la que puede presumir Aragón.

Empezando por los orígenes, Asión señala como acto fundacional la Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza. “Tenemos la suerte y el honor de haber acogido una de las primeras grabaciones que si hicieron a nivel nacional”, destaca la experta, un trabajo de Eduardo Jimeno Correas que data de 1899. “Fue un acontecimiento que convierte a Aragón en uno de los primeros territorios en los que se ve cómo el cine va despuntando y cómo, poco a poco, va cogiendo más fuerza hasta el día de hoy”, reflexiona.

De los espectáculos ambulantes a los espacios fijos

Este hecho, pues, trasciende ya al ámbito precinematográfico que, en esos momentos, estaba asentado en la Comunidad. Sobre ellos, cuenta que en Aragón, “sobre todo, en Zaragoza, se observa cómo empieza a haber muchos lugares donde hay proyecciones, al principio, itinerantes”. Por ejemplo, en ferias, como matiza el fotógrafo y cineasta Julio Sánchez Millán. Estas proyecciones, posteriormente, pasaron a estar en espacios fijos, como fue por ejemplo el cine Coyne, de 1905.

Cartel del cine parlante Coyne.
Cartel del cine parlante Coyne.

“El movimiento fue imparable y a lo largo de todo el siglo XX vemos cómo poco a poco se va desarrollando”, avanza Asión, que solo observa un ‘pero’ claro en este recorrido, la ausencia de una industria cinematográfica aragonesa de calado. En ese sentido, considera el proyecto de Moncayo Films, en los años 60, como un intento que buscó generar un ámbito industrial potente, aunque durante su periodo en activo, de 1962 a 1968, “no llegó a desarrollarse algo que podría haber sido un puntal para el cine aragonés”.

Sin embargo, y de vuelta a las primeras décadas del siglo XX, en el territorio se fraguaban nombres que cambiarían el ámbito cinematográfico con sus innovaciones técnicas y su obra. Uno destacado es el del turolense Segundo de Chomón. “Tiene una importancia fundamental y cada vez nos vamos dando más cuenta”, considera la experta sobre una figura que se puede incluir entre los grandes pioneros como Méliès, experto en el uso de los trucajes y que trabajó en películas como Gabiria, de Giovanni Pastrone, o Napoleón, de Abel Gance. “Era un cineasta muy creativo”, recalca.

Otro nombre imprescindible es el de Florián Rey, oriundo de La Almunia de Doña Godina y que “legó muchísimas películas emblemáticas” en su momento, como por ejemplo Nobleza Baturra o Agustina de Aragón. De la misma localidad, por cierto, era también Adolfo Aznar, un escultor y cineasta que destacó en su trabajo con filmes de animación infantiles, documentales o Miguelón, o el Último Contrabandista, que incluye al tenor Miguel Fleta en su reparto.

El gigante de Calanda

Pocos años después ya es cuando surge “el director más internacional” que ha nacido en Aragón. Concretamente, en Calanda, en el año 1900. “Buñuel es un punto y aparte”, destaca Asión sobre la que ve como “una de esas figuras que aparecen cada mucho tiempo”. En su genial legado se puede observar cómo fue pionero de las vanguardias surrealistas, con trabajos como Un Perro Andaluz, cómo asumió rodajes de documentales en España como el de Las Urdes, Tierra sin Pan, o el fruto de sus periodos en países como México y Francia, en una filmografía que incluye obras como Los Olvidados, Viridiana, Belle de Jour o El Discreto Encanto de la Burguesía, con la que se convirtió en el primer español en recibir un Oscar. “Si hay un referente, es Buñuel”, apostilla.

El cineasta Luis Buñuel.
El cineasta Luis Buñuel.

Tampoco se pueden olvidar cineastas e intérpretes como José María Forqué, José Luis Borau o la turiasonense Raquel Meller, “una de las grandes” del cine de los años 20 y 30 con sus películas musicales, que destacó también como cupletista, con éxitos como ‘La violetera’, de José Padilla, en su haber.

Los cineclubs, espacios clave

Tras la guerra y la postguerra, jugó un papel clave la proliferación de cineclubs como, por ejemplo el Zaragoza, fundado en 1945 por Eduardo Ducay, Manuel Rotellar y Manuel Serrano, según precisa Sánchez Millán. El cineclub Mundo, de 1953, el Saracosta y, posteriormente, el cineclub Gandaya, puesto en marcha por Julio y su hermano Alberto. “Surgió también ese interés por realizar cine; quieres hacerlo porque te gusta y porque lo has visto. Creo que podemos presumir de tener esa costumbre”, apunta Asión.

Precisamente, afirma que los hermanos Sánchez Millán fueron “dos de las figuras fundamentales” de la época, a finales de los años 60 y la década de los 70, “no solo ya desde lo que concierne a los cineclubs, sino también como fotógrafos y cineastas”. En ese sentido, precisa que rodaron “muchísimo material durante los años 70”, que incluye “alguno de los acontecimientos más importantes de la época. Por ejemplo, el movimiento que hubo para salvar el Mercado Central de Zaragoza o el ya mítico recital de José Antonio Labordeta en el colegio mayor La Salle de 1976.

La explosión del cine amateur, documentales, vanguardias y Saura

Manuel Rotellar, que fue el primer director de la Filmoteca de Zaragoza, es otra de las figuras que destaca Asión de aquellos años. Entre su labor, además de encargarse de la filmoteca, sobresale haber puesto en marcha en los años 70 un ciclo de cine sobre autores aragoneses. También subraya el nombre de Antonio Maenza, “otro de los grandes desconocidos”, puntualiza, que, sin embargo, “realizó un tipo de cine que en aquellos momentos era lo más vanguardista y rompedor”. El Lobby contra el Cordero, Orfeo Filmando en el Campo de Batalla y Béance/Ortensia, todas rodadas entre 1967 y 1969, forman parte de la filmografía de este cineasta turolense.

También data de aquellos años, de 1969, Monegros, “uno de los grandes precedentes del desarrollo que conoció el género documental en Aragón”, recalca Asión, y obra de Antonio Artero. Para la experta, este trabajo “marcó un hito” en ese campo, en su parte etnográfica, y contó con la participación de José Antonio Labordeta. Sobre este film, Sánchez Millán recuerda que fue prohibido por el régimen y del caso se hizo cargo el que, con los años, acabó siendo el primer Justicia de Aragón del periodo democrático, Emilio Gastón.

Busto de Paco Martínez Soria, en Zaragoza.
Busto de Paco Martínez Soria, en Zaragoza.

Y, en relación con el género, Asión destaca a Eugenio Monesma, que desde los años 70 desarrolla trabajos de índole etnográfica en Aragón que son una referencia. “Está en las bases de ese boom documental que ha venido y que está viniendo ahora”, afirma. De hecho, en la actualidad, destacan trabajos como Labordeta, un Hombre sin más, de Gaizka Urresti, merecedor de un Goya en la última edición de los premios. En su repaso, también cita el trabajo de profesionales como José Manuel Herráiz o Isabel Soria. “Tenemos muchísima gente que está trabajando el género documental cada vez mejor y creo que ahí tenemos un puntal que debemos seguir alimentando”, considera.

De los años 70 no hay que olvidar tampoco referentes de la comedia española, como Paco Martínez Soria, natural de Tarazona, o el zaragozano Fernando Esteso. El primero, con sus producciones en las que solía mostrar los enredos de un hombre rústico en pleno desarrollismo, y el segundo, haciendo pareja con Andrés Pajares, cosecharon éxitos de público y taquilla. De hecho, una de cintas de Esteso, Los Bingueros, llegó a convertirse en la más taquillera de 1979, por delante de Superman o Star Wars.

Y en esta década destaca el trabajo que desarrolló otro de los grandes nombres del cine español, el altoaragonés Carlos Saura, recientemente fallecido. “Se puede rastrear la historia de este país viendo sus películas”, recalca Asión sobre el autor de títulos como La Caza, Peppermint Frappé, Ana y los Lobos o Mamá Cumple Cien Años, entre otras.

Alberto Sánchez Millán, Carlos Saura y José Luis Gómez, en Huesca, en 1987. FOTO: Julio Sánchez Millán
Alberto Sánchez Millán, Carlos Saura y José Luis Gómez, en Huesca, en 1987. FOTO: Julio Sánchez Millán

Aragón es un festival

En los años 60 surge el Festival Internacional de Cine Amateur de Zaragoza, “que no deja de visibilizar cómo esa tendencia estaba cada vez más enraizada”, matiza Asión. Con esto, se llega a otra de las facetas más fructíferas del cine aragonés, los festivales. El de Huesca, seguramente, el más internacional de todo el territorio, Ecozine, Saraqusta, el de comedia de Tarazona, el que se realiza en Fuentes de Ebro, el dedicado a cortometrajes en Bujaraloz, el Festifal, de cine de temática rural de Urrea de Gaén… Tantos, que la Comunidad tiene su propia red de festivales cinematográficos, el Arafilm Fest.

Pero Aragón no solo ha sido el origen de grandes figuras del cine, sino que también, con sus muy variados paisajes, ha acogido el rodaje de obras de todo tipo. Destaca, por ejemplo, Salomón y la Reina de Saba, grabada entre otros lugares de la provincia, en lo que ahora es el barrio de Valdespartera, en Zaragoza. Gigantes como Yul Brynner o Gina Lollobrigida formaron parte de este trabajo del año 1959.

Fotograma de Salomón y la Reina de Saba.
Fotograma de Salomón y la Reina de Saba.

Más tarde, el cineasta británico Ken Loach eligió Mirambel para su largometraje Tierra y Libertad, mientras que Terry Gilliam se desplazó hasta Belchite para rodar Las Aventuras del Barón de Munchausen. En esa misma localidad, hace cuatro años, también se concibieron varias escenas de Spiderman: Lejos de Casa, mientras que el año pasado, Guy Ritchie eligió la base aérea de Zaragoza para su último trabajo, El Pacto.

El Reino de los Cielos, en el castillo de Loarre, donde también se grabaron Irati y La Noche Oscura; La Vaquilla, en Sos del Rey Católico; Palmeras en la Nieve, en el Pirineo; Jamón, Jamón, en los Monegros; Nuestros Amantes, en Zaragoza o Bendita Calamidad, en Tarazona, son algunos ejemplos de cómo el territorio aragonés ha sido el escenario idóneo.

Un caso particular es el del este de Aragón, curiosa paradoja, utilizado para rodar películas del salvaje oeste. En el territorio del Cinca, donde se ubican localidades como Fraga, Candasnos, Alcolea del Cinca o Chamalera, durante la década de los sesenta se recrearon entre ripas y llanuras spaguetti western como Texas Kid, Sonora o Pistoleros de Arizona.

Ya en los años 80, la irrupción de la tecnología del vídeo facilita los rodajes, lo que propicia que se sumen más personas al ámbito cinematográfico, muchos de ellos, que acaban consolidándose en la década de los 90. Pedro Aguaviva o Julio Alvar son dos de los nombres que destaca Asión de un periodo en el que los festivales encuentran “un gran empujón”, así como los colectivos asociados al cine. Ya en la siguiente década, recuerda cómo la calandina Mercedes Gaspar, “una de las primeras directoras de éxito a nivel nacional”, se hizo con el Goya al Mejor Corto de Animación en 1994.

Miguel Ángel Lamata, Pilar Palomero, José Ángel Delgado, Paula Ortiz, Nacho García Velilla, Ignacio Estaregui, Pablo Aragüés, Javier Macipe, Elena Cid o Vicky Calavia son algunos de los nombres propios que muestran cómo el séptimo arte en Aragón crece y mantiene muy vigente la afirmación con la que empezaba este artículo, que es una tierra de cine.

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