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21 abril 2024

De la raíz a lo sublime: folk y música culta en Aragón

La Comunidad ofrece un panorama sonoro rico y característico en lo que se refiere a su folclore, mientras que en géneros como el lírico o el sinfónico ha aportado grandes nombres a la historia de la música.

Ya sea en la plaza de un pueblo del Matarraña, en un festival en el Pirineo o en el Auditorio de Zaragoza, la amplia extensión del territorio aragonés brinda muchos y muy distintos escenarios. También, diferentes músicas y grandes nombres, ya sea en sus representaciones más populares o en las que se encuadran en el universo de la música culta. De esta manera, si el anterior artículo abordaba el rock, el pop y otros estilos limítrofes en Aragón a partir de la primera mitad del siglo XX, en este caso, nos centraremos en el folk elaborado en la Comunidad y en los grandes artistas y compositores que ha habido en géneros como el lírico y el sinfónico.

Comenzando por la raíz, el músico, profesor de instrumentos tradicionales e integrante de bandas como Cornamusa y O’Carolan, Miguel Ángel Fraile, cuenta que fue a finales de los años 70 cuando en Aragón se comienza a recuperar sus manifestaciones folclóricas. El movimiento de los cantautores, explica, daba un relevo a estos nuevos grupos, de la mano de artistas como Joaquín Carbonell y agrupaciones como La Bullonera, que ya coquetearon con los sonidos de raíz. El novedoso interés por estas músicas de Aragón se centraba, sobre todo, en el “folclore oculto, el de los pueblos”, y en una serie de instrumentos “que habían estado a punto de desaparecer”, como la gaita de boto, el salterio y el chiflo. Elementos que figuras como las de Ángel Vergara o Pedro Mir, relata Fraile, ayudaron a recuperar.

Poco después, ya a principios de los 80, recuerda cómo empezaron a surgir grupos como Os Mósicos dás Cambras, Hato de Foces y, “por supuesto”, Chicotén. Estos eran unas primeras bandas de folk que hacían uso de los instrumentos tradicionales, algo que tuvo continuidad en otros grupos que surgieron poco después, como Biella Nuei, Cornamusa o La Orquestina del Fabirol. “Hubo una pequeña explosión de grupos a principios de los 80”, rememora.

La explosión de los 80

Este nuevo interés en los 80 por el folclore en Aragón quiso abordar músicas tradicionales distintas de la jota -que se tratará en otro artículo-, que sí que había encontrado predicamento a lo largo del siglo XX. Los grupos que surgieron entonces, apunta, “fueron importantísimos porque, sobre todo, los tipos de música que hacían basados en el folclore aragonés eran muy distintos”, desde los más tradicionales hasta otros que mezclaban los sonidos de raíz con el rock o el jazz, como Cornamusa.

De esta manera, se empezaban a sentar unas bases que, en años posteriores, servirían para que otros grupos como Ixo Rai!, que mezclaban rock y folk, surgieran a finales de los 80 y en la década de los 90. Una mistura, la del rock con la raíz, que también encontró representantes como Mallacán, con la mayoría de sus composiciones escritas en aragonés.

Pero, más allá de la historia y entrando en el ámbito geográfico y en las distintas manifestaciones de ese folclore, Fraile distingue tres grandes áreas asociadas a instrumentos que marcan, de alguna manera, las el panorama sonoro de la Comunidad. “Los Monegros han sido una parte fundamental porque ahí estaba muy enraizada la gaita de boto y la música que se realizaba con este instrumento era muy especial, tenía unas escalas y una forma de tocar que influyó muchísimo en un folclore muy aragonés, porque era un poco distinto”, destaca.

Los ‘reinos’ sonoros

También distingue el músico las tradiciones y los bailes de la zona del Pirineo, que en su zona más occidental se convierte en “el reino del chiflo y el salterio, otro tipo de música también muy interesante”. Siguiendo con este repaso, a Zaragoza y Teruel las incluye en “el reino de la dulzaina”.

“Es muy distinto lo que puedes oír en el Pirineo, en el Sobrarbe, por ejemplo, a lo que puedes escuchar en la sierra de Albarracín; cada uno tiene sus influencias”, reflexiona Fraile sobre los sonidos de un territorio extenso, en el que se observan similitudes con los territorios fronterizos.

Así, observa cómo en las zonas más cercanas a las castillas o a Valencia prevalece la dulzaina e instrumentos similares, mientras que en el Pirineo apunta a la cercanía con las manifestaciones musicales al otro lado de la frontera, ya en Francia.

Otros elementos que han permitido mantener, difundir y hacer progresar el folclore de Aragón son festivales como el Poborina, en El Pobo, y el de Música Tradicional de Monreal del Campo, ambos en la provincia de Teruel. En el Pirineo también hay citas que reivindican estos géneros, como el decano de la zona, el de Aínsa, el Festival de los Pueblos Pirenaicos y el mismo Pirineos Sur. Y, en la capital aragonesa, Fraile explica que el folk siempre ha contado desde hace décadas con un espacio en las Fiestas del Pilar, con la excepción del año pasado; una cuestión que, por cierto, llevó aparejadas protestas de músicos y aficionados a estos estilos musicales.

Sobre el panorama del folk aragonés actual, el músico observa cómo a principios del milenio se vivió “cierto parón” en el surgimiento de grupos, una situación que se ha revertido desde hace ya unos años con nuevas formas de entender la raíz como la de MAUT, una mezcla “más que interesante con las tecnologías”. En este nuevo escenario, Fraile nombra otros artistas que se centran en esta suerte de neofolk, como por ejemplo Idoipe y Ixeya.

Grandes nombres y un escenario de primer nivel

Cambiando por completo de tercio, y yéndonos a los terrenos de la lírica, la sinfónica y otros géneros de la música culta, el músico, director general de la Orquesta Reino de Aragón y profesor de conservatorio, Sergio Guarné, repasa los grandes nombres que ha dado el territorio a lo largo de los años. Como compositor destaca la figura del turolense Antón García Abril, un “referente”, además de ser “uno de los grandes” en su campo tanto en el plano nacional como en el internacional. De su mano salió, por ejemplo, el himno de Aragón, sintonías televisivas como la de ‘El hombre y la Tierra’ u obras como la música de la versión de ópera de ‘Divinas Palabras’.

Precisamente, en el apartado de grandes voces nombra a la zaragozana Pilar Lorengar, “una soprano de talla mundial”, que cantó “en los mejores teatros del mundo”. Y, por supuesto, al altoaragonés Miguel Fleta, de quien recuerda que, aunque “falleció muy joven”, le dio tiempo para ser el cantante que estrenó ‘Turandot’ y el tenor “fetiche” de Puccini.

“Siempre ha habido una influencia del ámbito lírico importante en Aragón”, reflexiona Guarné acerca de un territorio en el que, hasta aproximadamente la década de los 70, “había una programación en el Teatro Principal de Zaragoza más o menos estable de ópera”, lo que propició que pasaran por su escenario “los grandes cantantes” del género.

Y, saltando al piano, el músico nombra a tres figuras: Pilar Bayona, Eduardo del Pueyo y Luis Galve. Este último, por cierto, da nombre a una de las salas del Auditorio de Zaragoza, espacio de referencia inaugurado en 1994 que ha traído desde entonces a las grandes orquestas y a los mejores solistas del mundo a la ciudad. Igualmente, su modelo de gestión incluye las residencias de los grupos Enigma, de música contemporánea,  Al Ayre Español, de barroca, el coro Amici Musicae y las orquestas Ciudad de Zaragoza y Reino de Aragón.

Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza.
Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza.

Además de la creación de este gran escenario para la Comunidad, Guarné también destaca la importancia de la constitución de la red de conservatorios en los años 80, en un territorio que hasta entonces “no tenía una tradición en la música clásica” como sí se puede encontrar en Centroeuropa o en áreas más cercanas, como Valencia.

“Ahora tenemos un potencial, creo que equiparable a otras regiones“, considera Guarné, quien observa cómo ya hay “un número considerable de músicos aragoneses ocupando posiciones titulares en orquestas sinfónicas de todo el mundo”. De hecho, y gracias a esa red de conservatorios y escuelas municipales de música, considera que, actualmente, cualquiera que busque acceder a la educación musical “lo tiene muy fácil”.

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